Saturday, May 16, 2009

EL MARXISMO EN CONTRASTE CON EL LENINISMO

El marxismo en contraste con el leninismo

La teoría de Marx de la revolución socialista se basa en el principio fundamental de que “la emancipación de la clase obrera debe ser obra de la clase obrera misma”. Marx sostuvo este punto de vista durante todos sus cuarenta años de actividad política socialista, y distinguió su teoría tanto de las que invocaban a los príncipes, a los gobernantes o a los empresarios industriales para que cambiaran el mundo en beneficio de la clase obrera (al estilo de Roberto Owen y Saint Simon), como de los que confiaban en la acción determinante de la minoría ilustrada de los revolucionarios profesionales para liberar a la clase obrera (como Buonarotti, Blanqui y Weitling).
Auto emancipación consciente

Marx vio que la posición social misma de la clase obrera era la de la clase que produce la riqueza, es explotada, nada posee y se ve forzada a luchar en contra de las condiciones capitalistas de existencia. Puede decirse que este “movimiento” de la clase obrera es implícitamente socialista ya que a final de cuentas se refiere a quién debe tener el control de los medios de producción: si la minoría capitalista o la clase obrera (es decir, la sociedad en su conjunto). Al principio, creía Marx, el movimiento de la clase obrera sería inconsciente y desorganizado, pero, con el tiempo, a medida que los obreros fueran ganando experiencia en la lucha de clases y el funcionamiento del capitalismo, se iría volviendo cada vez más conscientemente socialista y organizado democráticamente por los propios obreros.

Esa comprensión del socialismo que obtendrían los trabajadores a partir de la experiencia podría calificarse de “espontánea” en el sentido de que no requeriría de la intervención de personas ajenas a la clase obrera para que tuviera lugar (lo que no significa que los no obreros no podrían tomar parte en este proceso sino que su participación no es esencial ni decisiva). La propaganda y la agitación socialista sí serían necesarias pero tendrían que ser realizadas por los propios obreros cuyas ideas socialistas de habrían derivado de una interpretación de experiencia de clase dentro del capitalismo. El resultado final sería un movimiento independiente de la clase obrera de mentalidad socialista y organización democrática, dirigido a ganar el control del poder político con objeto de abolir el capitalismo. Como Marx y Engels lo expresaron el Manifiesto comunista, “el movimiento proletario es movimiento con consciencia de sí mismo e independiente de la inmensa mayoría en interés de la inmensa mayoría”.

Tal fue la concepción que Marx tuvo del “partido de los trabajadores”. Él no vio el partido de la clase obrera como una élite, autonombrada, de revolucionarios profesionales, como hicieron los Blanquistas, sino como el movimiento democrático en masa de la clase obrera con el propósito de establecer el socialismo, la propiedad común y el control democrático de los medios de producción.
El punto de vista opuesto de Lenin

El descrito en el párrafo anterior fue el punto de vista de Marx pero no el de Lenin. Este, en su folleto Qué hace, escrito en 1901-2, declaró:

La historia de todos los países muestra que la clase obrera, exclusivamente por sus propios medios, es capaz de adquirir sólo consciencia sindical, es decir, la convicción de que es necesario unificarse en sindicatos, combatir a los patrones y luchar por que el gobierno apruebe la legislación laboral necesaria, etc. La teoría del socialismo, sin embargo, nació de teorías filosóficas, históricas y económicas elaboradas por los representantes de las clases adineradas, los intelectuales (Foreign Languages Publishing House edition, Moscú, pp. 50-51).

La consciencia política de clase sólo puede llevarse a los obreros desde fuera de la lucha económica (sin la lucha económica), desde fuera de la esfera de relaciones entre los trabajadores y sus patrones (cursivas de Lenin, p. 133).

El movimiento espontáneo de la clase obrera por sí solo es incapaz de crear algo más que el sindicalismo (al que inevitablemente crea), y los políticos sindicalistas de la clase obrera son precisamente los políticos burgueses de la clase obrera (pp. 159-60).

Lenin desarrolló el argumento de que la gente que tendría que llevar la “conciencia socialista” a la clase obrera “desde fuera” serían los “revolucionarios profesionales”, que saldrían principalmente de las filas de la intelligentsia de la burguesía. De hecho, argumentó que el Partido Social-Demócrata Ruso debería ser una “organización de revolucionarios profesionales”, que fueran la vanguardia de la clase obrera. La tarea de este partido de vanguardia que estaría compuesto de revolucionarios profesionales bajo estricto control central sería la de “ponerse a la cabeza” de la clase obrera, ofreciéndoles consignas que le sirvieran de guía y por las cuales luchara. Es la antítesis misma de la teoría de Marx de la auto emancipación de la clase obrera.
El golpe bolchevique

La implicación de la teoría de Marx de la auto emancipación de la clase obrera es que la inmensa mayoría de la dicha clase obrera debe empeñarse conscientemente en la revolución socialista contra el capitalismo. “El movimiento proletario es el movimiento independiente y consciente de sí mismo de la inmensa mayoría en interés de la inmensa mayoría”.

El golpe bolchevique de noviembre de 1917, realizado con el pretexto de proteger los derechos del Congreso de los Soviets, no gozó del apoyo de la mayoría consciente, al menos no del socialismo, aunque su consigna de “Paz, pan y tierra” fue de gran popularidad. Por ejemplo, las elecciones para la Asamblea constituyente, realizada después del golpe bolchevique y así bajo el gobierno bolchevique, les dio sólo el 25 por ciento de los votos.

John Reed, periodistas norteamericano simpatizante de los bolcheviques, cuyo famoso relato del golpe bolchevique, Diez días que conmovieron el mundo, fue elogiado en un prólogo por Lenin, cita a este al replicar a esta clase de crítica en un discurso pronunciado ante el Congreso de los Soviets Campesinos, del 27 de noviembre de 1917.

Si el Socialismo puede realizarse sólo cuando el desarrollo intelectual de todo el pueblo lo permite, entonces, entonces no veremos el Socialismo cuando menos durante los próximos quinientos años... El partido político Socialista—es decir, la vanguardia de la clase obrera—no debe permitirse el ser detenido por la falta de educación del promedio de la masa, sino que debe encabezar a las masas, usando los Soviets como órganos de la iniciativa revolucionaria...” (cursivas y omisiones de Reed, Modern Library edition, 1960, p. 15).

Compárese lo anterior con un pasaje del comunista utópico Weitling: “desear esperar... hasta que todos estén ilustrados convenientemente ¡sería abandonarlo todo! No se trata, naturalmente, de que “todos” los trabajadores tengan que ser socialistas antes de que haya Socialismo. Marx, al rechazar la idea de que el Socialismo podría ser establecido por una minoría ilustrada, sólo estaba diciendo que una mayoría suficiente de obreros tendría que ser socialista.
La herencia de Lenin

Habiendo tomado el poder antes de que la clase obrera (y, aun menos, el 80 por ciento de la mayoría campesina de la población) estuviera preparada para el Socialismo, todo lo que el gobierno socialista pudo hacer, como Lenin lo admitió francamente, fue establecer el capitalismo de estado en Rusia. Eso fue lo que hicieron, al mismo tiempo que imponían su propia dictadura a la clase obrera.

Del desdén por las capacidades intelectuales de la clase obrera nació la afirmación de que el partido de vanguardia debería gobernar en representación de la dicha clase obrera, incluso en contra de la voluntad de ésta. La teoría de Lenin del partido de vanguardia se llegó a venerar como un principio de gobierno (“el papel conductor del Partido”) que sirvió para justificar lo que resultó la dictadura política más prolongada de la historia.

Sigue pendiente la emancipación de la clase obrera por sí misma, que es por lo que abogó Marx.

(Marzo de 1990

Friday, May 8, 2009

Martov: Social Democrata Ruso

Martov: social-demócrata ruso

En el Partido Socialista de la Gran Bretaña se recuerda a Martov principalmente por su folleto El estado y la revolución socialista, en que hace una lúcida demolición de El estado y la Revolución de Lenin. El estudio de Israel Getzler (Martov: a political biography of a Russian social democrat [Martov: biografía política de un social-democráta ruso], Cambridge University Press, 70s) es la primera biografía que se publica de este líder de de los mencheviques. Si bien tiene varios defectos—de los cuales el menor no es el irritante nacionalismo judío del autor—, es sin embargo mejor que nada.

Al medir la contribución de Martov al movimiento de la clase obrera, es conveniente compararlo con Lenin, el líder de la fracción bolchevique del Partido Social-Democráta del Trabajo, ruso. La escisión menchevique-bolchevique de 1903 tuvo como centro principal las diferentes concepciones de cómo se debía organizar un partido demócrata-social. Lenin, con su actitud jacobina, deseaba (como Rosa Luxemburgo) “la ciega subordinación de todas las organizaciones del partido y su actividad, hasta el último detalle, a una autoridad central que piensa y actúa sola, y decide por todos”. Martov, por otro lado, estaba a favor de una organización que a grandes rasgos tomaba como modelo el PSD alemán. Esta no fue una controversia entre los socialistas—ya que ambos bandos aceptaban la necesidad de líderes y ambos eran oportunistas, dispuestos a aliarse con los antisocialistas, y tener su apoyo, si ello parecía políticamente viable.

Lenin y Martov se opusieron a la Primera Guerra Mundial, cierto; pero su posición ante el militarismo no fue consecuente con el socialismo. Así, pues, en la carta al Comité Central de los Bolcheviques, del 26-27 de septiembre de 1917, Lenin dice que “Sólo nuestro partido, habiendo cosechado una victoria en un levantamiento, puede salvar a Petrogrado, ya que si es rechazada nuestra oferta de paz, y no obtenemos ni siquiera una tregua, entonces nos volveremos “defensistas”, colocándonos a la cabeza de los partidos de la guerra, seremos el partido más ‘beligerante’, y emprenderemos una guerra de un modo verdaderamente revolucionario.” [Subrayado de Lenin.] De modo similar Martov denunció la paz de Brest-Litovsk, pidiendo “un llamado a filas por toda la nación”, y en un discurso ante la sesión combinada del Comité Ejecutivo de los Soviets, el Soviet de Moscú y los sindicatos, el 5 de mayo de 1920, se comprometió a que su partido diera apoyo a la guerra contra Polonia—aunque él deseaba una ‘guerra defensiva’.

Martov, sin embargo, habló por sí mismo cuando los bolcheviques se apoderaron del control del Estado. Como a los mencheviques no se les permitió compartir nada del poder político ya no tuvo mucha oportunidad de dilapidar su talento en problemas reformistas. Lejos de eso, pudo emplear sus conocimientos marxistas para perseverar en los esfuerzos de los bolcheviques por convencer a la clase obrera de que estaban construyendo un sistema Socialista en el imperio ruso. Cuando Lenin sugirió ‘el socialismo en un sólo país’:

“si para la construcción del socialismo se requiere de cierto nivel cultural... por qué no se nos debe permitir a nosotros empezar por llevar por medios revolucionarios las precondiciones a ese cierto nivel, y luego más adelante, con base en el poder del Estado de los obreros y campesinos y el orden soviético, dar un paso adelante y alcanzar a las demás naciones (occidentales)”.

Martov fue capaz de regresarle a Lenin sus propias palabras, escritas en 1905:

“Declaramos que es un agent provocateur que lucha por utilizar el poder del estado para realización del socialismo en la Rusia atrasada.”

Del mismo modo, cuando impusieron la pena de muerte, recordó a los bolcheviques su antigua posición: cómo ellos habían votado a favor de una resolución en contra de la ejecución en Congreso de la Internacional de Copenhague en 1910 y habían protestado en contra de la reintroducción de la pena de muerte en julio de 1917. Él acusó a Lunacharsky:

Tú, A. V. Lunacharsky, tu que gustabas de ponerte frente a los trabajadores para describirles con palabras resonantes la grandeza de las enseñanzas socialistas; tú, que levantaste los ojos al cielo, exaltaste la hermandad de los hombres en la construcción del socialismo; tú, que denunciaste la hipocresía de una religión cristiana que permitía el homicidio; tú, que predicaste la religión del socialismo proletario: tú eres tres veces mentiroso, tres veces fariseo, cuando, en una pausa de tu embriaguez con frases baratas, ¡te volviste cómplice de Lenin y Trotsky, en la organización del asesinato, con o sin juicio previo!

Pero, a diferencia de la gran mayoría de los críticos de la Unión Soviética, Martov no se limitó a atacar los rasgos desagradables del régimen bolchevique—como el aplastamiento de la democracia y el uso del terror. Si bien reconoció que la revolución rusa era progresista históricamente, también reconoció su naturaleza capitalista, a pesar del idealismo de Lenin y sus coligados. Se dio cuenta de que los alaridos de los bolcheviques por la revolución mundial pronto daría paso a una pasión más ferviente por normalizar sus relaciones con el resto del mundo capitalista en cuanto emprendieran la tarea a que se enfrenta cualquier estado capitalista joven: el doble proceso de la industrialización y forzar al campesinado a convertirse en una masa asalariada. Tampoco cayó en la trampa de criticar la falta de democracia en Rusia partiendo de bases puramente éticas o morales. En lugar de ello, hizo contrastar la torpe y arbitraria represión dentro de la Unión Soviética con la afirmación de los bolcheviques de que estaban avanzando hacia el socialismo. Señaló que éste era un concepto primitivo que había sido popular entre los socialistas utópicos del siglo XIX. El elitismo de Babeuf, Witling, Cabet, Blanqui fue resumido por Charles Naine:

“La minoría que posee el conocimiento de la verdad del socialismo científico tiene el derecho de imponerlo a la masa... Posteriormente, es decir, después de que el orden social ha sido trastornado enteramente por los dictadores socialistas, la libertad y la democracia serán reconstituidas”.

Martow adujo contra esto el argumento marxista. El socialismo, razonó, sólo puede ser alcanzado por una clase obrera con conciencia política. Es la experiencia de los trabajadores bajo el capitalismo lo que los impulsa a entender la necesidad del Socialismo y este proceso es incrementado por el grado de democracia que hayan ganado por sí mismos. El poder dictatorial esgrimido por una minoría de vanguardia, no importa lo sincero de sus intenciones, nunca podrá servir de sustituto. De ese modo los trabajadores siguen siendo una clase sometida y los dictadores, habiendo paladeado el poder, consolidan su propio dominio.

Este es el valor de Martov para la teoría socialista. A pesar de sus amargas críticas a los bolcheviques, siguió sin tener una opción real que ofrecer—de ninguna manera en términos revolucionarios, sin compromisos, como los del Partido Socialista. Pero como otros social-demócratas—Plejánov, Kautsky, Luxemburgo—, a pesar de todos sus errores, hizo una contribución al cuerpo general de la teoría marxista. A su lado, Lenin es una pálida sombra.

Wednesday, May 6, 2009

De nuevo es tiempo de elecciones

De nuevo es tiempo de elecciones

Cada cierto número de años los políticos profesionales compiten por ganar el voto de usted y a la par ganar para sí mismos una posición acomodada, esta vez en Parlamento Europeo. Todos los partidos y candidatos (con la excepción de los extraordinariamente raros candidatos del Partido Socialista) ofrecen sólo cambios secundarios al sistema presente. Tal es la razón de gane el candidato o partido que gane no haya cambios importantes en la forma en son las cosas. Hacen promesas que no cumplen, se definen metas a las que nunca se llega, se seleccionan y tuercen las estadísticas.

Todos los políticos suponen que al capitalismo es a lo único que se puede jugar, aunque quizá critiquen los rasgos de cara su inaceptable, como los banqueros codiciosos, o el peor de sus excesos, como las guerras imposibles de ganar. Defienden la sociedad en que nosotros, la mayoría de la población, debemos vender nuestra capacidad de trabajar a la ínfima mayoría de quienes detentan la mayor parte de la riqueza. Defienden una sociedad en que se ofrecen los trabajos sólo si van a reportar una ganancia.

El socialismo real

El Partido Socialista lucha con vehemencia por una sociedad de verdad democrática, en que la gente tome todas las decisiones que la afectan. Esto significa una sociedad sin ricos ni pobres, sin propietarios ni trabajadores, sin gobernantes ni gobernados, una sociedad sin líderes ni liderados.

En una sociedad así la gente cooperaría para utilizar todos los recursos naturales e industriales en su propio interés. La gente liberaría la producción de las restricciones artificiales del lucro y establecería un sistema social en que cada persona tuviera acceso gratuito a los beneficios de la civilización. En consecuencia, con la sociedad socialista terminaría el comprar, el vender y el intercambiar, y con ella también dejarían de existir las fronteras, y la violencia y la coerción organizadas, el desperdicio, las carencias y las guerras.

Qué puede usted hacer

Puede usted votar por candidatos que trabajarán dentro del sistema capitalista y procurarán que siga funcionando. O puede usted emplear su voto para demostrar que quiere derrumbarlo y ponerle fin a los problemas que causa de una vez por todas.

Cuando un número suficientemente grande de nosotros nos unamos, resueltos a terminar con la desigualdad y las privaciones, podremos transformar las elecciones en medio de acabar con una sociedad gobernada por una minoría y de declararnos a favor de una sociedad de democracia real e igualdad social.

Si está usted de acuerdo con una sociedad de propiedad común y democrática en la cual nadie se quede atrás y las cosas se produzcan porque son necesarias, y no para que la empresa capitalista las venda con ganancia, y esté usted dispuesto a unirse a nosotros para lograrlo, entonces vote por eso, ya que no estamos en este distrito electoral, escribiendo “SOCIALISMO MUNDIAL” en su papeleta de voto.

Objeto:

El establecimiento de un sistema de sociedad basada en la propiedad común y en el control democrático de los medios de producción y distribución de la riqueza por la comunidad entera y en interés de la misma.