Saturday, February 28, 2009

TECNOLOGIA DE LA INFORMACION Y SOCIALISMO

Tecnología de la información y socialismo

El socialismo será una sociedad basada en la producción para el uso. ¿Pero qué significa esto? ¿Como podría trabajar esto y que papel desempeñaría la tecnología de la información en el socialismo?

Al describir la nueva sociedad por la que estamos trabajando, a nosotros los socialistas con frecuencia nos preguntan “¿Cómo funcionará eso?” Quienes preguntan suponen las más de las veces que sólo con un sistema de dinero y precios pueden “funcionar” las cosas; que las cosas sólo ocurren, sin ninguna necesidad de que ellos participen.

El sistema de mercado, de comprar y vender, bien puede “funcionar”, en el sentido de que continúa funcionando sin que la gente trate o no trate de controlar a dónde nos lleva. Después de todo, los políticos de hoy pareces estar cada vez más convencidos del poco control que tienen sobre el sistema que meramente administran. Sin embargo, esta inevitable falta de control consciente y social es justamente el problema. La nueva forma de organización social donde la producción se organiza solamente para el uso puede requerir de una participación más activa de la gente, pero esta es la única manera de echar a andar la sociedad en interés de la población entera. Así, al responder la pregunta de “¿Cómo funcionará?” los socialistas reconocen que en primer lugar está la necesidad de que la gran mayoría de la gente entienda y desee el socialismo.

La forma en que las cosas “funcionarán” en el socialismo será por medio de lo que llamamos “producción para el uso”. Esta característica que define al socialismo no es difícil de entender, pues no significa otra cosa que simplemente producir lo que es necesario, sin la necesidad de intercambio monetario, como en el capitalismo. Durante toda la historia humana ha habido siempre producción para el puro uso, comenzando con la recolección de alimentos y la hechura de herramientas en las sociedades de cazadores recolectores. En el capitalismo actual, hay muchos ejemplos que van desde las actividades de las organizaciones de voluntarios hasta el cuidado de la casa y la jardinería.
Producción para el uso

En el socialismo, la producción directamente para el uso será la regla. La producción socialista necesita esta organizada democráticamente: una dictadura que organizara la producción para el uso no sería socialismo. Al considerar la relación entre democracia y producción, la pregunta de “cómo funcionará” exige ampliar la respuesta. Al construir el socialismo, necesitamos considerar la forma en que las preferencias y las opiniones de la sociedad en su conjunto se reflejarán en las elecciones que se tomen sobre la producción de mercancías y servicios.

Vienen a la mente tres preguntas específicas. Primera: lo relativo al cálculo económico; segunda: la escala geográfica de la toma de decisiones y, tercera: los incentivos dentro de una sociedad socialista. Estas son las preguntas donde el papel de la tecnología de la información (TI) en el socialismo puede ser de lo más importante en las respuestas que den los socialistas.

La primera pregunta, relativa al cálculo económico, la plantean los defensores del libre mercado. Se dice que el mercado es un mecanismo descentralizado para calcular la demanda a fin de lograr el nivel correcto de abasto, tal y como se expresa en el gasto monetario. Ciertamente este razonamiento tiene fallas: el dinero no está distribuido igualitariamente, el mercando no es un sistema elegantemente descentralizado y no consigue la eficiencia que proclaman los libros de texto. Con todo, es necesario mostrar como se abordarían los cálculos sobre la oferta y la demanda a falta del sistema de mercado.

Sería necesario calcular la cantidad de insumos que serían necesarios para alcanzar cierto nivel de producción. Esta clase de cálculo de insumos-consumo tendría que ocurrir en escalas geográficas diferentes: desde las formas “locales” de cálculo hasta las regionales y aun las globales. Esto nos conecta con segunda pregunta sobre la extensión de la toma de decisiones localizadas en contraste con centralizadas dentro del socialismo

Examinando las formas locales de organización, las unidades individuales de producción en el capitalismo (fábricas, oficinas, etc.) ya tienen sistemas de TI para calcular los recursos necesarios para la producción, así como sistemas de control de existencias para administrar las ofertas de recursos. Además de las partes interesadas con la contabilidad monetaria, estos sistemas podrían ser de utilidad para la sociedad socialista que los herede.

Sea como sea, la contabilidad monetaria no ayuda con los cálculos insumos-consumo que en realidad se necesitan para planear la producción. Estos cálculos se hacen en función de cantidades (ya sea kilogramos, litros, watts u otras unidades de medida). A menudo lo son, incluso dentro del capitalismo. De hecho, en 1973 se le concedió el premio Nobel al economista Wassily Leontief por formular un método para el análisis de insumos-producto que podría emplear tales mediciones cuantitativas.

Al igual que utilizar los sistemas de TI existentes, harían falta muchos procedimientos innovadores en la organización local de la producción. Por ejemplo, las operaciones de los muchos tipos diferentes de actividad productiva podrían hacerse más abiertos y confiables mediante la mejora de la información al público. La toma de decisiones y la contratación de personal con ciertas destrezas son otras áreas donde la TI podría mejorar la organización de la producción para el uso.

Al pasar a las escalas regional y global, suele decirse que en la sociedad moderna la producción es demasiado compleja para ser objeto de cálculo. Sin embargo, aun retrocediendo a los años sesenta, en que la tecnología de las computadoras estaba en sus primeras etapas, los teóricos de orientación “socialista” ya citaban el uso potencial de las computadoras para el cálculo de insumos-producción en gran escala. La potencia actual de las computadoras significa que los cálculos necesarios incluso para millones de productos se pueden hacer en cuestión de minutos. Por cierto que la escala computacional de tales cálculos es pequeña comparada con otros usos que se les da a las modernas “supercomputadoras”, como la predicción del tiempo (véase Hacia un nuevo socialismo, de W. Paul Cockshott y Allin Cottrell, Spokesman Books, 1993).
La toma de decisiones democráticas

El procesamiento matemático en gran escala tal vez ya no sea el problema que antes fue. Sin embargo, en una sociedad socialista aún se enfrentaría la cuestión de cómo democratizar óptimamente la producción. Podría recurrirse a la TI para que diera acceso universal a fuentes de información sobre las diferentes elecciones que se presentan al planear la producción. Es importante notar que el almacenamiento central de información no significa necesariamente que la toma de decisiones deba centralizarse también. La amplia disponibilidad de la información facilitaría en sí la democracia misma que, según los socialistas, es necesaria para impedir la centralización del poder.

El asunto de qué tan lejos será posible localizar la producción y la toma de decisiones seguirá siendo materia de debate antes y después de la revolución socialista. La organización local parece ser, ciertamente, adecuada para muchas clases de producción, algunas de las cuales no será necesario centralizar mucho o ni siquiera la información empleada en su planeación. Otros problemas requerirán de decisiones en escala geográfica muy grande: algunos aspectos de la administración ambiental, por ejemplo. La discusión de estos problemas se beneficiará del polifacetismo de los sistemas de TI, lo cual quiere decir que la toma de decisiones puede ocurrir a la escala más conveniente, sea local, regional o global.

La tercera pregunta, la relativa a los incentivos, consiste en expresar la duda sobre qué podría motivar a la gente en el socialismo para lograr innovaciones. La respuesta principal reside en el conjunto completamente nuevo de prioridades y motivaciones en las cuales el pueblo reconocería la necesidad urgente de alcanzar ciertas clases de desarrollo (por ejemplo, hacer viables fuentes de energía renovable y otras formas de producción ecológicamente sostenibles). La TI, al promover la colaboración y que se comparta el conocimiento, sería importante en fomentar la innovación, así como ha sido bajo el capitalismo. Un ejemplo de que los socialistas han notado es el movimiento a favor de “programas (software) de fuente abierta”, en que personas separadas geográficamente han colaborado por medio de Internet para desarrollar la plataforma de computación Linux. Su trabajo, en la vanguardia misma de la industria de la TI, se ha organizado de modo voluntario, tratando activamente de evitar el mercado en lugar de utilizarlo.

Un sistema de producción sólo para el uso tendría un conjunto de prioridades completamente nuevo y los incentivos para desarrollarse en estas áreas surgiría de fuentes por entero diferentes, como la dinámica de la co-operación, la democracia y el disfrute de amplias libertades para concentrarse en aquellas áreas de la producción que, como se reconoce ampliamente, son las de mayor beneficio.

El rápido desarrollo de la tecnología de las computadoras ofrece una clase de respuesta a los argumentos pro-mercado, concernientes al cálculo, la toma de decisiones y los incentivos. Proveer información será parte esencial de la estructura democrática del socialismo y la tarea de diseñar los sistemas que mejor sirvan para construirla y administrarla será uno de los mayores retos que enfrentará la sociedad socialista.

El uso de los sistemas de TI en el socialismo puede no ser siempre el aspecto de la nueva sociedad que mejor capture la imaginación. Hasta habrá quienes teman que tal tecnología conduzca a un escenario en que las computadoras empiecen a controlarnos, y no nosotros a ellas. Estos temores pueden impedir que se valore el potencial de la TI para facilitar en vez de dictar la organización social, en cuanto sea aplicada a trabajar por los intereses del todo social. En la TI pueden encontrarse los elementos para construir nuevas formas de organización que sobrepasen a todo cuanto haya existido a la somb

Friday, February 27, 2009

DE DONDE PROVIENEN LAS GANANCIAS

¿De dónde vienen las ganancias?
El sultán de Brunéi es uno de los hombres más ricos del mundo. La enorme superficie de tierra, tecnología y otras propiedades de que es dueño le producen beneficios gigantescos. ¿Pero de dónde provienen sus beneficios y la riqueza de otros como él?
¿De dónde vienen las ganancias?
Sí, los beneficios, ganancias o utilidades desempeñan un papel clave en la operación de sistema de mercado (¿Por qué la ganancia es prioritaria?), ¿pero en dónde se originan? ¿Cuál es su fuente? Para un negocio, las utilidades son la diferencia entre sus ventas totales, sus ingresos y sus costos totales de producción.
Los costos de producción son:
• los costos de la materia prima—componentes, energía y servicios usados en el curso de producir las mercancías que el negocio vende;
• el desgaste y la descomposturas de los activos fijos del negocio, o la depreciación de sus edificios, máquinas y demás equipo;
• los sueldos y los salarios de los trabajadores empleados para realizar todo el trabajo que implica transformar las materias primas en mercancías para el mercado.
Cualquier ingreso aparte de estos costos es utilidad.
De esta utilidad el negocio paga cualquier renta, interés o capital tomado en préstamo, los dividendos entregados a los accionistas y los impuestos federales y locales. Todo lo que queda aparte de esto (las utilidades retenidas) está disponible para invertirlo en mejorar y expandir la capacidad productiva del negocio.
Como vimos en Los economistas no son de este planeta la única manera de producir riqueza es por medio del trabajo humano con y sobre los materiales que se extrajeron de la naturaleza. De ahí que los beneficios, como porción del producto, sólo pueden provenir del trabajo.
Karl Marx (1811-1883) adoptó este dato y lo convirtió en base de su teoría de la “plusvalía” o “plusvalor”, que es el valor agregado a la materia prima en el curso de la producción por la fuerza de trabajo aparte de lo que ésta recibe en forma de salario.
Sobra decir que esta teoría de la utilidad como plusvalía es anatema para la economía ortodoxa, lo cual encontrará usted en cualquier libro de texto común y corriente. En lugar de la idea expuesta, encontrará usted los beneficios definidos como la “recompensa” al capital o al “empresario” (no se ponen de acuerdo en qué o quién). Pero, como la palabra “recompensa” indica, esta es justificación conveniente para quienes la reciben. Por desgracia para estos economistas, víctimas de su ideología, sus justificaciones moralistas no están avaladas por los hechos.
Lo que los estadísticos revelan
Como vimos también en Los economistas no son de este planeta, el valor de la riqueza nueva producida en un país durante un tiempo dado (su producto nacional) será el mismo que los ingresos de todos sus habitantes (su ingreso nacional). Es tarea de los estadísticos de Ingresos Nacionales determinar formas de medir esos indicadores.
El concepto clave de los estadísticos de Ingresos Nacionales es el de valor agregado. Al calcular el producto nacional de un país no se limitarán a sumar el valor monetario de la producción de cada industria ya que esto implicaría conteo doble, triple e incluso múltiplos mayores.
Esto se debe a que el producto de algunas industrias no se vende al consumidor final sino a otra industria en calidad de material para su propio proceso productivo.
Para evitar este problema del conteo múltiple, las mercancías utilizadas como insumos por otras industrias no deben tomarse en cuenta al hacer el cálculo. Para esto está ideado el concepto de valor agregado. El valor agregado se define como la diferencia entre el ingreso total de un negocio y el costo de las materias primas, componentes, energía y servicios y el desgaste y mantenimiento de sus activos fijos. Es una medida del valor económico agregado a esos insumos en el curso de la transformación en el producto que la empresa vende. Difiere de las utilidades sólo en un aspecto: incluye los sueldos y salarios.
Así, Utilidad = Valor agregado — Sueldos y Salarios.
Dicho de otro modo, la utilidad es una deducción del valor agregado por el trabajo en el proceso de transformar los insumos en mercancías.
Esto es cierto en el nivel de la economía así como en el nivel del negocio individual o cualquier rama de la industria.
Para obtener el número llamado producto nacional, se calcula el total del valor agregado en cada industria (que es en sí la suma del valor agregado en todas sus empresas componentes). Pero como el valor agregado se compone de sueldos y salarios más utilidades, otra forma de calcular dicho número es sumar las utilidades o ganancias totales obtenidas por todas empresas al total de los sueldos y salarios pagados a todos los trabajadores. Este es, desde luego, el ingreso nacional, que es sólo otro modo de expresar el valor monetario del producto nacional, o nuevo valor agregado total al valor existente previamente en el curso de un periodo dado.
Esta equivalencia entre el producto nacional y el ingreso nacional pone de manifiesto el hecho de que todos los ingresos monetarios resultan del proceso de producción. Todo el ingreso es generado inicialmente en la producción bien como ganancia, bien como sueldos y salarios. Todos los demás ingresos—renta, intereses, pensiones y demás beneficios pagados por el Estado—se derivan finalmente de éstos, y de hecho principalmente de las utilidades.
Las utilidades no sólo son, pues, la fuente de los fondos de inversión en mejora y expansión de la capacidad productiva; también son la fuente de casi todo el gasto del gobierno. Por tanto, del sector que hace utilidades de la economía (ya sea privado o de propiedad estatal) realmente puede decirse, como sus defensores afirman con frecuencia, que es el “sector que crea riqueza” de la economía: es el sector que proporciona la plusvalía tanto para la inversión como para el gasto del gobierno (El mito de la tributación). (Sin embargo, como las propias utilidades se derivan del valor agregado por el trabajo en el proceso de producción, el trabajo es la fuente fundamental.)
¿Qué es el crecimiento económico?
Los estadísticos del gobierno dan a conocer regularmente estadísticas sobre el monto del producto nacional pero éstas no son siempre las mismas. A veces las cifras son citadas como Producto Interno Bruto (PIB), a veces como Producto Nacional Bruto (PNB) y a veces como Producto Nacional Neto (PNN). ¿Qué significan estas iniciales y cuál es la diferencia entre lo que expresan?
El significado de la palabra “bruto” indica que la cifra abarca no sólo el valor agregado sino también la depreciación del capital fijo. Rigurosamente hablando, como decimos, ésta debe excluirse. La única razón de que no lo sea es que las cifras significativas para ella no pueden presentarse para un periodo de tres meses. El PIB es, por tanto, mayor que el total del valor agregado.
El PNB representa el Producto Nacional Bruto. Difiere del PIB en que toma en cuenta las transacciones con otros países: exportaciones e importaciones y pagos al y del extranjero.
Los pagos del extranjero por las exportaciones, los servicios (“las exportaciones invisibles”) y de las inversiones extranjeras incrementan el ingreso nacional, mientras que los pagos al extranjero lo disminuyen. Como lo indica su nombre de Producto Interno Bruto, el PIB es una cifra en bruto que simboliza el valor agregado (depreciación sin tomar en cuenta las transacciones con otros países). Por eso la producción de algunas industrias no se vende al consumidor final sino a otra industria a la que sirve de material para su proceso productivo.
Para evitar el problema de contar varias veces el mismo concepto, las mercancías usadas como insumos de otras industrias deben excluirse del cálculo. Para ello está ideado el concepto de valor agregado. El valor agregado se define como la diferencia entre el ingreso total de un negocio y el costo de comprar materias primas y componentes.
Una de las tendencias a largo plazo del sistema de mercado es incrementar el ***PNN/Ingreso Nacional, o “crecimiento”***. En realidad esta es una consecuencia de otra tendencia más fundamental ***pero que no es citada tan a menudo como es ahora tan fácil de medir***: el incremento de la cantidad de capital invertido en la producción, o acumulación de “capital”.
Ya vimos cómo las presiones de la competencia fuerzan a las empresas a buscar el maximizar sus utilidades (Por qué la ganancia es prioritaria) como manera de maximizar la cantidad de dinero que pueden dedicar a comprar la maquinaria más nueva y productiva y los métodos de producción que deben tener para ser capaces de producir más y más barato. Este incremento de la cantidad de dinero invertido en la producción, o acumulación de capital, se traduce a términos físicos como incremento en las reservas de medios de producción, tanto edificios, maquinaria y otra clase de equipo fijo y materias primas que transformar en nuevas mercancías. Esto a su vez lleva a un aumento del Producto nacional/Ingreso nacional: crecimiento.
Inversión, consumo y gasto del gobierno
La acumulación de capital depende de la inversión, o la proporción de ingreso nacional que se emplea para comprar nuevos medios de producción. Así, en este contexto es donde reside la importancia de la división de Ingreso nacional en “inversión” y “consumo”. Algunos pensadores económicos alegan que porque la inversión es una deducción del consumo debe reducir el mercado para las mercancías. Salta a la vista que esta visión es claramente errónea. El dinero que se invierte de todos modos se gasta, sólo que es gastado en comprar medios de producción antes que bienes de consumo. La distinción entre inversión y consumo es una diferencia entre el propósito para el cual se gasta el ingreso nacional.
¿En qué parte del cuadro entra el gasto gubernamental? Aquí, desgraciadamente, los estadísticos del Ingreso Nacional se descarrilan. No hay problema con las empresas públicas (que sólo son parte del sector del mercado de la economía del mismo modo que lo son las empresas privadas) y las actividades de sus obreros crean valor agregado que cuenta de modo decreciente el producto nacional. ¿Pero que hay acerca del ***gasto gubernamental presente***, en contraste con su gasto en edificios y equipo, para cosas tales como la administración, la policía y las fuerzas armadas, la educación y la salud? Este es claramente consumo y no producción, como una generación anterior de economistas reconoció. El gobierno está consumiendo riqueza del mismo modo que lo hacen los individuos.
Pero los estadísticos del Ingreso Nacional no lo ven así. Consideran que el gobierno es alguien dedicado a producir “servicios públicos”, llamados “educación”, “cuidado de la salud” pero también “administración” e incluso “defensa” y “ley y orden”, que no crean valor agregado que pueda añadirse al producto nacional. Aun en sus propios términos, sin embargo, hay algo peculiar acerca de esto ya que el valor agregado en el llamado sector de servicios públicos es igual solamente a los sueldos y salarios pagados a los empleados en tal sector, pero no hay elemento de utilidad. Esto significa entonces que los estadísticos del Ingreso Nacional están sumando simplemente al producto nacional los sueldos y salarios de los empleados del gobierno. Llama la atención que no estén dispuestos a ir al fondo del asunto y clasificar esto como “inversión”, que es lo que implica la lógica de su razonamiento.
En sí, esto debiera ser un indicio de que el ***gasto presente*** del gobierno en administración y el resto es diferente del gasto de las empresas en producir sus mercancías para venderlas. La entera ficción de que los gobiernos son productores entregados a producir servicios públicos se viene abajo cuando se les pregunta de dónde viene el dinero con que el gobierno paga los sueldos y los salarios de sus empleados. ¿De la venta de mercancías como hacen los demás productores? Absolutamente no: pues las mercancías en cuestión son vendidas ahora. Obtienen dinero gravando los ingresos generados en el sector del mercado de la economía o pidiéndolo prestado de quienes reciben tales ingresos.
En otras palabras, los sueldos y los salarios de los empleados de gobierno son “pagos de transferencia” pues los ingresos transferidos de una sección de la población a otra se llaman pensiones y otros pagos de seguridad social, por ejemplo, y el interés sobre la deuda nacional. Al mismo tiempo los pagos de intereses a los ***tenedores de la deuda nacional*** fueron incluidos en el las estadísticas del ingreso nacional como parte del ingreso derivado de la propiedad de bienes pero esto fue abandonado cuando se cayó en la cuenta de que esto era sólo una transferencia vía la tributación al ingreso de la propiedad de un grupo a otro. Lógicamente, debe reconocerse lo mismo para los sueldos y los salarios de los empleados del gobierno. Ellos deben ser vistos también como “pagos de transferencia”.
Rechazar el concepto de que los empleados de gobierno producen servicios públicos no es rechazar el registrar en las estadísticas del producto nacional/ingreso nacional el gasto en educación, el cuidado de la salud y la defensa. La discusión es sobre cómo y dónde debe clasificarse. El error de clasificar el gasto nacional en sueldos y salarios de sus empleados como producción tiene dos consecuencias. Primera: infla artificialmente la magnitud del producto nacional (y también la porción de ingresos del empleo en éste). Segundo: sostiene la ilusión de que en una recesión el gobierno puede incrementar el producto nacional con sólo prestar dinero del sector mercado y gastarlo, literalmente, en cualquier cosa.

Por que las utilidades tienen prioridad ?

¿Por qué las utilidades tienen prioridad?
Así los partidarios como los opositores del sistema capitalista concuerdan en un punto: la importancia central de las utilidades para la manera como el sistema opera. Veamos, pues, qué son las utilidades y por qué tienen prioridad.
¿Qué es la utilidad?
En su mayor parte la producción para el mercado está organizada actualmente no por particulares sino por empresas de negocios de una u otra clase. Esto representa un cambio desde la época en que vivieron muchos de los defensores del sistema de mercado, como Adam Smith. El objetivo de estos negocios, ya grandes, ya pequeños, sean poseídos por accionistas o por el estado, es llevar al máximo el rendimiento (la ganancia) del capital invertido en ellas.
Este “rendimiento” es la utilidad. En sus términos más simples, este beneficio es la diferencia entre el dinero que un negocio obtiene de la venta de sus productos y el dinero que tiene que gastar en producirlos. La tasa de ganancia es la cantidad de utilidades obtenidas durante un período dado, normalmente un año, expresada como porcentaje del valor monetario de los activos del negocio al principio del periodo.
La competencia en curso
La búsqueda de ganancia no es asunto de la avaricia de los que hacen marchar un negocio. Al contrario, es un imperativo impuesto por las presiones del mercado. Todos los negocios que pertenecen a una particular rama de la producción están en competencia unos con otros con la finalidad de vender sus productos. Esta batalla la ganarán las empresas que puedan proporcionar una mercancía equivalente al precio más bajo.
Para tal fin el asunto primordial es tener mejor tecnología: máquinas de mayor rendimiento y mejores procedimientos de producción que permitan producir la misma mercancía a un costo menor. La medida en que una empresa pueda instalar tal maquinaria y adoptar tales procedimientos depende de la cantidad de utilidades que obtenga. De este modo las fuerzas del mercado obligan al empresario a buscar las máximas utilidades y luego a invertir de ellas el monto que le permita mejorar y expandir su capacidad productiva.
Nivelación
En el ámbito de la economía en su conjunto las fuerzas del mercado tienden a ocasionar una nivelación de la tasa de utilidades en todas las ramas de la producción. Si en cierta rama de la industria se está logrando una tasa superior esta rama tenderá a atraer hacia ella más capital, con lo que la producción aumentará y el suministro extra hará que los precios caigan, de lo que resultará que la tasa de ganancia retrocederá al promedio o nivel “normal”. Si, por un lado, la tasa de ganancia es inferior al promedio algo de capital tenderá a salir de esa rama de la producción y ésta descenderá. El menor suministro impulsará los precios hacia arriba y la tasa de ganancia tenderá a elevarse hasta el nivel promedio.
Publicado por el Movimiento Socialista Mundial. Última actualización: 2006-08-13
20:46:30 BST

Economistas, No en este Planeta

Los economistas no son de este planeta
La mayoría de los libros de texto contemporáneos contienen una variación de la siguiente y famosa definición de economía: ciencia que estudia el comportamiento humano como relación entre fines y medios escasos que tienen usos optativos.
En consecuencia la economía es el estudio de la lógica de la elección en condiciones de escasez. Pero esta no es la forma en que la mayoría de la gente entiende el término. Sin embargo, compruébelo usted mismo y verá que la palabra escasez se presenta una y otra vez en las definiciones de los libros de texto de economía. Paul Samuelson, en su Economics, libro de texto de economía muy estudiado, habla de una “gran escasez” y dice que si las mercancías no fueran tan escasas la ciencia de la economía no tendría papel alguno que desempeñar. Así, en estas definiciones, la economía se ve como el estudio de la producción y distribución de mercancías escasas.
El dogma de la escasez
Esta definición, sin embargo, sólo puede sostenerse dándole un significado peculiar a la palabra “escasez”. El sentido normal de ‘escasez’ es el de insuficiencia, carencia, lo que supone que hay desabasto de algo en relación con las intenciones de usarlo. Los economistas de la teoría de la escasez definen ésta como la carencia de suministros ilimitados. Como ninguna mercancía producida por humanos es, o puede ser, ilimitada en cuanto a la cantidad que de ella puede disponerse, entonces, por definición, es “escasa”.
Refuerzan su idea con otra suposición: las necesidades humanas son ilimitadas. Pueden refugiarse en esa posición, pues, si las necesidades humanas son infinitas, incluso en el significado normal de escasez como ***insuficiencia de relación para los usos*** las mercancías siempre estarán en suministro insuficiente. Pero esta suposición de que las necesidades humanas son infinitas es igualmente dudosa ya que, aunque las necesidades humanas sean numerosas, no son ilimitadas. Tampoco existen fuera de los contextos social e histórico sino que son determinadas por la sociedad en que seres humanos particulares están viviendo en un tiempo particular y en la práctica siempre son limitadas.
Esta escuela de economía (que es hoy la predominante) necesita la suposición de la escasez—ya sea basada en una definición irreal de escasez o en una suposición igualmente irreal de necesidades humanas infinitas—porque es la base de la pretensión de que la mejor manera de resolver el perpetuo problema de esto o lo otro al que los seres humanos se enfrentan cuando tienen que decidir qué producir, es tener que recurrir al dinero, los precios y los mercados. Quieren estar en posición de demostrar que el sistema económico actual, dentro del cual la mayor parte de la riqueza se produce para su venta en el mercado, es el mejor de los sistemas posibles. Necesitan la suposición de la escasez, en otras palabras, para dar por hecho lo que falta por demostrar.
La escuela económica de la escasez tiene razón en ver la economía como el estudio de la forma en que lo que se produce y cómo se produce están determinados bajo un sistema de mercado. Se equivocan en hacer que tal sistema sea el resultado de la “escasez”.
La escasez, en su peculiar sentido, ha existido a lo largo de toda la historia de la humanidad, pero el sistema de mercado—en donde todo, incluidas las energías mentales y físicas de los humanos tiene un precio y en donde todo mundo tiene que poseer dinero para obtener lo que necesita—apenas empezó a existir hace relativamente poco, tal vez unos 500 años, y sólo alcanzó existencia plena en lugares como Estados Unidos, Europa y Japón aproximadamente en los últimos 100 años. No está íntegramente desarrollado en el resto del mundo.
La base del sistema de mercado no es ninguna escasez eterna, sino la separación de la mayor parte de la gente del acceso a la tierra que les haría posible producir su propio alimento, vestido y vivienda. En otras palabras, su base es el desposeimiento de la mayoría de la población de todos los recursos productivos salvo su propia capacidad de trabajo y la concentración de estos recursos en manos de una ínfima minoría de la población. Es esto, no la escasez, lo que hace rasgos universales de la vida actual el dinero, los precios y el mercado.
Llegamos así a una definición de economía: el estudio de la producción y la distribución de la riqueza que se produce para venderla en un mercado. La economía es el estudio, no de mercancías escasas, sino de las mercancías para el mercado.
¿Qué es la riqueza?
Riqueza “es cualquier objeto material o servicio al que se recurre para satisfacer alguna necesidad o apetencia humanas”. Al objeto individual de riqueza se le conoce en economía como ***mercancía***.
Algunas mercancías esenciales para la vida humana, como el aire que respiramos y el calor y la luz del Sol, son proporcionadas espontáneamente por la naturaleza sin que los seres humanos tengan que hacer nada y de ahí que sean llamadas “mercancías gratuitas”. Pero en su mayoría las mercancías, incluidas otras también esenciales para la vida humana, como el alimento, tienen que ser producidas, en el sentido que los seres humanos tienen que ejercer sus energías mentales y físicas para obtenerlas, aunque en algunos casos lo único que haya que hacer cortar de un árbol una fruta. La mayor parte de las mercancías, en otras palabras, son productos del trabajo humano.
Cuando los humanos producen una mercancía no están creando algo de la nada: lo que están haciendo es transformar partes de la naturaleza en algo útil para ellos. Esta transformación, como en el caso de cortar una fruta, puede consistir solamente en cambiar de lugar algún material natural dado; en términos generales, sin embargo, se supone un cambio de forma así como un cambio de lugar.
La producción es, pues, el proceso de transformar partes de la naturaleza en mercancías. Aparte de las “mercancías gratuitas”, toda riqueza es producida por seres humanos que trabajan con materiales originalmente suministrados por la naturaleza.
Cualquier actividad que transforme partes de la naturaleza en algo útil para los humanos es actividad productiva. Esto es así aun cuando la transformación sea un mero cambio de lugar; por tanto, el transporte es una actividad productiva. También lo es el almacenamiento, pues preserva la utilidad de alguna mercancía. Algunos productos del trabajo son intangibles, como un corte de pelo, y son conocidos como “servicios”.
Hay quienes argumentan que sólo las mercancías tangibles son riqueza, y que, por tanto, sólo el trabajo del que resulta algún producto físico es trabajo productivo. Pero están equivocados. La única diferencia entre una mercancía tangible y otra intangible, o servicio, es que en este último caso el producto es consumido a medida que está siendo producido, pero sigue siendo un producto.
Las mercancías pueden dividirse en dos grupos principales. Primero, el de las que son consumidas directamente por los humanos para satisfacer sus necesidades personales, o “mercancías del consumidor”. Estas pueden ser consumidas conforme están siendo producidas (algunos servicios) o de una sola vez (como la comida o la electricidad) o a lo largo de cierto tiempo (como la ropa, los muebles y las casas).
El segundo grupo es el de las mercancías que se utilizan para producir otras mercancías, o mercancías para el productor (conocidas también como “mercancías intermedias) y como “medios de producción”. Estos son consumidos (gastados), desde luego, pero para hacer otras mercancías y ahora directamente por humanos. Entre ellos están los materiales extraídos de la naturaleza, las mercancías semiterminadas, las herramientas, las máquinas, los edificios, el combustible y los medios de transporte.
La base del sistema de mercado no es alguna escasez eterna, sino la falta de acceso de la mayoría de la gente a la tierra que les permitiría producir sus propios alimentos, ropa y viviendas. Como dijo William Petty (1623-1687), el trabajo es el padre de la riqueza material; la tierra es la madre.
Sin embargo, los humanos son animales que hacen y utilizan herramientas y, aparte de las actividad productiva muy básica, como cortar frutas de un árbol silvestre, la producción entraña un tercer elemento: las herramientas y la maquinaria que los humanos usan para transformar en riqueza los materiales que brinda la naturaleza. Estas mercancías para el productor provienen, claro, de las otras dos clases, ya que se les ha dado su forma existente por medio de trabajo humano pasado sobre los materiales dados por la naturaleza.
La “distribución” de la riqueza es sencillamente la forma en que se distribuye lo que se ha producido—es decir, dividido—, compartido, entre los miembros de la sociedad.

UNA SOCIEDAD DIVDIDA EN DOS CLASES SOCIALES

Si usted le pregunta a un sociólogo moderno de cuántas clases sociales existen en nuestra sociedad. Ellos contestarían que son seis, o tal vez tres, o doce, o cualquier otro número que tenga en su fantasía. Existen muchas definiciones de lo que es una clase social. Por lo general esas definiciones son falsas e inútiles


Una respuesta más útil

Nuestra sociedad se divide en dos clases. Hay una clase trabajadora, y una clase capitalista. La clase obrera tiene que trabajar para ganarse la vida, la clase capitalista tiene suficiente riquezas para vivir sin tener que trabajar. Si usted se pregunta a que clase social pertenece, solamente debería preguntarse si podría vivir de sus inversiones en caso de que dejara de trabajar mañana mismo. No hay duda de que la sociedad capitalista se puede dividir de esta forma. Existe un grupo de personas en cada clase. Por supuesto, la mayoría de las gentes pertenecen a la clase obrera, y la clase capitalista es sólo una pequeña proporción de la población. Sin embargo, desde el punto de vista del capitalismo, ellos forman parte de una proporción muy importante.

¿Por qué esta definición es útil?

¿Cuál es la razón de que solo existan las clases? La respuesta es simple, eso es todo lo que necesita para comprender la forma en que el capitalismo funciona. Las clases sociales explican cómo hemos llegado a la situación que estamos en la actualidad. Ellas explican cómo la sociedad ha evolucionado y cambiado desde la sociedad esclavista, a través de feudalismo para llegar a el capitalismo. Una clase con un interés económico particular, ha tomado el control de la base económica de la sociedad de otra clase.

Pero las clases no sólo explican cómo hemos llegado al caos del capitalismo, sino que también explica cómo el capitalismo funciona. El principal hecho de la mayoría de la vida de las personas es el trabajo-trabajo en el hogar para apoyar a un salario-esclavo o el trabajo remunerado para poder vivir. ¿Por qué? No siempre ha sido cierto. En la sociedad feudal siervos pasaron su tiempo trabajando en la tierra, la producción de alimentos que podrían comer. Por supuesto, si la producción había que dar al Señor, el siervo feudal había grandes problemas, aunque estos son muy diferentes los problemas de la moderna esclavitud salarial.

También la concepción de clase explica los desastres del capitalismo: tales como, las guerras, que es cuando tenemos que luchar para proteger los intereses de la clase capitalista, la hambruna que es cuando la clase capitalista no puede obtener ganancias alimentándonos a nosotros, el desempleo cuando la clase capitalista obtiene más beneficios despidiéndonos de los trabajos, y manteniendo el precio bajo de los salarios, en vez de darnos puestos de trabajo, y así sucesivamente. Así que ahora existen dos clases, porque eso es lo que se necesita para explicar cómo llegamos al capitalismo y también cómo el capitalismo ha evolucionado.

La razón más importante, es sin embargo, ¿por qué sólo hay dos clases, y cuáles son las dos razones? Es el hecho que se explicar cómo podemos salir del desorden del capitalismo. Nosotros, la clase obrera, tenemos interés en deshacernos del enfermo sistema capitalista bajo el cual nos vemos obligados a vivir Al reconocer que sólo la clase de actividad consciente de esta misma clase social puede establecer una sociedad sin clases, y podemos vemos la forma en que el socialismo puede ser establecido. Agrupándonos en una sola clase como podemos transformar la sociedad. Si no lo hacemos nos quedaremos estancados con el capitalismo.

Los políticos reclaman que vivimos en una sociedad sin 'clases', lo cual es una afirmación engañosa, y si fueran honestos admitirán todo lo contrario... Los sociólogos están equivocados, porque ellos creen que el capitalismo siempre ha existido y existirá para siempre, El caso de los socialistas, de que sólo existen dos clases, sigue siendo tan importante y correcto como siempre porque muestra que no existe otra forma en que podamos detener la guerra, el hambre, la pobreza y el desempleo. Necesitamos la conciencia de clase y para ello tenemos que ser conscientes de que somos la clase trabajadora y que ellos son la clase capitalista. Solamente existen dos clases.

EL MITO DE LA SOCIEDAD TRANSICIONAL

El mito de la sociedad transicional

El Jornal Critique recientemente ha publicado la traducción de un artículo escrito por Ernesto Mandel en el que desarrolla su acostumbrado tema de que, en el curso de la evolución social, interviene – y debe intervenir – entre el capitalismo y el socialismo una “sociedad” transicional con su propia base social, relaciones de producción, etc. (http://www.ernestmandel.org/en/works/txt/1973/ten_theses.htm).

Este es un punto de vista que vale la pena discutir, pero, a pesar de la terminología marxista en la que se expresa, no es de hecho un punto de vista sostenido por Marx. El presente artículo tratara de demostrar que Marx hablo de un “un período político de transición” entre el capitalismo y el socialismo, pero nunca hablo de una “sociedad transicional”.

Entonces, ¿qué quería decir Marx cuando hablaba de este “periodo de transición”? Al contrario de lo que habitualmente se ha difundido (en gran parte como resultado de décadas de propaganda Estalinista y Trotskista), para Marx este periodo no era aquel entre el establecimiento de la propiedad colectiva de los medios de producción, y el tiempo cuando podía ser llevado a cabo el principio “de cada cual, según su capacidad; a cada cual, según sus necesidad”. Más bien es, el periodo durante el cual la clase obrera usaría el poder estatal para colectivizar los medios de producción.

En otra palabras, el periodo de transición es una forma política entre la toma del poder político por la clase obrera dentro de la sociedad capitalista y el eventual establecimiento del socialismo, un periodo durante el cual la clase obrera ha reemplazado a la clase capitalista como clase dominante, y la clase que a la vez tiene el control del poder estatal.

El fin de este periodo de transición es el establecimiento de una sociedad sin clases basada en la propiedad colectiva y el control democrático de los medios de producción por el conjunto de la sociedad, con la desaparición consecuente del estado coercitivo, el sistema del trabajo asalariado, de la producción de mercancías destinadas a la venta en el mercado con el propósito de producir ganancias, la ley de compra y venta, la desaparición del sistema monetario, y del mercado por completo.

Por lo tanto, para Marx el “periodo de transición”, Era el periodo después de la toma del poder político de la clase obrera y antes del efectivo establecimiento de la propiedad colectiva de los medios de producción, este concepto está muy claramente expresado tanto en sus primeros y últimos escritos.

En el 1852 escribía a su amigo Weydemeyer el cual residía en Estados Unidos de Norte América, que una de las cosas que había demostrado era que “la dictadura del proletariado” (como llamaba al periodo de control proletario del poder estatal) “solo constituía la transición a la abolición de las clases y a una sociedad sin clases” (énfasis añadido).Federico Engels resume su ponto de vista, y el de Marx en el 1873 de la siguiente manera:

“Los opiniones del socialismo científico Alemán sobre la necesidad de la acción política del proletariado y de su dictadura como la transición de la abolición de las clases y con ellas del Estado... » (Contribución al problema de la vivienda, énfasis añadido).

El periodo de transición, por lo tanto, es el periodo hasta el establecimiento de la propiedad colectiva de los medios de producción. De nuevo, en el 1875 en sus notas particulares sobre él Programa de Gotha adoptado por el congreso de unificación de los socialdemócratas alemanes, Marx escribió:

“Entre la sociedad capitalista y la sociedad comunista media el período de la transformación revolucionaria de la primera en la segunda. A este período corresponde también un período político de transición, en el cual el Estado no puede ser más que la dictadura revolucionaria del proletariado.” (http://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/gotha/gotha.htm#ii)

Podemos resaltar aquí que, Marx usa las palabras “socialista” y “comunista” intercambiablemente al referirse a la futura sociedad sin clases,( aunque, él prefería la palabra “comunista”, pero seguiremos usando el termino de Engels. y emplearemos la palabra “socialismo” para describir la futura sociedad sin clases, basada en la propiedad colectiva y el control democrático de los medios de producción La idea de que el “socialismo” y el “comunismo” eran dos fases sucesivas de la sociedad pos capitalista no se encuentra en los escritos de Marx, sino que proviene de Vladimir Lenin. De este modo, cuando Marx escribe, con las expresiones antes mencionada, de una “sociedad comunista” quería decir lo mismo que cuando escribía de la “sociedad sin clases” en el 1852.

Es cierto que Marx se dio cuenta de esto, si se hubiera establecido el socialismo en su día, no hubiera sido posible implementarse inmediatamente, e incluso durante algunos años, el principio “de cada cual, según sus capacidades; a cada cual, según sus necesidades”, y. el libre acceso para todos a los bienes de consumo y servicios de acuerdo con la necesidad individual también no hubiera sido posible ser implementado inmediatamente

En los primeros años del socialismo, si se hubiese establecido en ese tiempo, debería de haber habido inevitablemente algunas restricciones en al acceso a los bienes de consumo y servicios, alguna forma de, si lo prefieren, de “racionamiento” (si la asociación de esta palabra con les cartillas de racionamiento del tiempo de guerra y de la posguerra se olvida, parque aunque el total libre acceso de acuerdo a la necesidad no hubiera sido posible en 1875 la suma asignada para el consumo podría haber sido considerablemente más alta que lo que los trabajadores conseguían bajo en capitalismo). Marx sugirió como un posible método los llamado recibos de trabajo (Labor –time vouchers)

Es importante poder ver que solo fue una sugerencia, aun mas, es un punto de vista que está abierto a objeciones, Pero el punto de vista de Marx era que sería necesario algún método de racionamiento del consumo, durante algún periodo de tiempo. Se refería al periodo del socialismo durante el cual éste sería así, como “la primera fase de la sociedad comunista”, comparada con la “fase superior” en la cual el libre acceso a los bienes de consumo y a los servicios podrían ser satisfechas. Nótese que Marx habla de diferentes fases de la misma sociedad, una sociedad “basada en la propiedad colectiva de los medios de producción”, una sociedad sin clases, sin Estado, sin salarios, y sin sistema monetario (Marx deja bien claro que los “certificados del tiempo de trabajo” no eran dinero, “dista tanto de ser dinero como, digamos, una contraseña del teatro” como lo expuso en El Capital, tomo 1, capitulo 3). Sin duda se puede hablar de una transición de la “primera” fase a la fase “superior” del socialismo, pero persiste el hecho de que Marx no empleó el concepto de “periodo de transición” en este sentido. Para él, como hemos explicado, era la transición del capitalismo al socialismo y no de una fase del socialismo a la otra.

¿Cuánto esperaba Marx que duraría este periodo de transición política? Su opinión sobre esta pregunta cambio durante el periodo de su vida política. En 1848, percibió claramente que tendría que durar bastantes años. Treinta años más tarde, el y Engels pensaban que podría ser considerablemente más corto, como resultado del tremendo desarrollo de la industria moderna en el periodo intermedio.

El Manifiesto Comunista de 1848 habla de la toma y uso del poder político por la clase obrera, haciendo uso de su supremacía política “para ir despojando paulatinamente a la burguesía de todo el capital, de todos los instrumentos de la producción, centralizándolos en manos del Estado, es decir, del proletariado organizado como clase gobernante, y procurando fomentar por todos los medios y con la mayor rapidez posible las energías productivas.” (http://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/48-manif.htm)

Marx y Engels prosiguen haciendo una lista de varias medidas inmediatas que ellos y los otros miembros de la Liga Comunista creían que la clase obrera debería tomar al llegar al poder, con objeto de hacer “incursiones despóticos sobra los derechos de propiedad”. Ellos concluyen así:

“Tan pronto como, en el transcurso del tiempo, hayan desaparecido las diferencias de clase y toda la producción esté concentrada en manos de la sociedad, el Estado perderá su carácter político.” (Énfasis añadido)

Claramente, en el 1848, Marx y Engels esperaban que el periodo de transición al establecimiento de la propiedad colectiva y la consecuente abolición de las clases y el Estado fuera medianamente largo. Engels en su borrador para el manifiesto, que no se uso pero que fue publicado más tarde bajo el titulo de Principios del Comunismo, (y que es siempre una glosa útil del Manifiesto), expuso esto explícitamente. Contestando a la pregunta, “¿Será posible suprimir de golpe la propiedad privada?”, escribió:

“No, no será posible, del mismo modo que no se puede aumentar de golpe las fuerzas productivas existentes en la medida necesaria para crear una economía colectiva. Por eso, la revolución del proletariado, que se avecina según todos los indicios, sólo podrá transformar paulatinamente la sociedad actual, y acabará con la propiedad privada únicamente cuando haya creado la necesaria cantidad de medios de producción.” (http://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/47-princi.htm)

No fué hasta más tarde, después de que hubiera decaído la ola de entusiasmo revolucionaria del 1848, que Marx y Engels sacaron las implicaciones totales de esto. Habían estado diciendo, en efecto, que el establecimiento del socialismo no era posible en 1848. Engels, en 1895, en una introducción a algunos artículos que Marx había escrito en 1850 sobre política francesa, enuncio esto abiertamente:

“La historia nos ha dado un mentís, a nosotros, y a cuantos pensaban de un modo parecido. Ha puesto de manifiesto que, por aquel entonces, el estado del desarrollo económico en el continente distaba mucho de estar maduro para poder eliminar la producción capitalista.” (http://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/francia/francia1.htm)

Claramente, Engels estaba en lo cierto sobre este punto. Como Fritz Sternberg ha señalado, el capitalismo predominaba entonces solo en un país:

“Cuando Karl Marx y Friedrich Engels escriben El Manifiesto del Partido Comunista, – es decir, a mediados del siglo XIX – el capitalismo predominaba sólo en Inglaterra; los Estados Unidos eran sólo un país colonial, en el que la población agrícola sobrepasaba de lejos a la población industrial; en Europa, los albores del capitalismo se confinaban al Coste – en Alemana, por ejemplo, las formas de producción pre- capitalistas eran aún dominantes; Rusia y Japón eran aún Estados feudales; y relativamente había pocos puntos en la costa asiática los cuales estaban en contacto con los países Occidentales en los cuales el capitalismo había comenzado. Decir que, en aquel tiempo, quizás el 10% de la población mundial estaba ocupada en la producción capitalista es probablemente una estimación optimista.” (Capitalism and Socialism on Trial, Londres, 1951, p. 19)

Si el socialismo no era posible en 1848, esto suscita la interesante pregunta (claramente relevante para los últimos intentos de establecer el socialismo en un sólo país y atrasado): ¿Qué hubiera sido capaz de hacer la clase obrera, o más bien, un grupo determinado de comunistas, en el caso remoto de haber obtenido el control del poder político en ese tiempo? Seguramente, solo desarrollar el capitalismo. De hecho, la lista de medidas al final de la Sección 2 (“proletarios y comunistas”) del Manifiesto, y referida a lo que antecede, puede ser descrito con exactitud como de naturaleza de capitalismo de estado.

Desde entonces muchas de ellos han sido satisfechas en países abiertamente capitalistas (impuesto progresivo sobre la renta, banco estatal, nacionalización de los ferrocarriles, educación gratuita, prohibición del trabajo infantil, etc.) indicando de este modo que no había nada inherentemente anticapitalista en ellas.

Ni Marx, ni Engels fueros lo suficientemente lejos para repudiar estas medidas, o para enunciar que los comunistas de 1848 estaban equivocados al haber imaginado que podían incluso tomar el poder político y establecer solos el socialismo en aquel tiempo. Pero esto es lo que Marx y Engels escriben en el 1872:

“Ya el propio Manifiesto advierte que la aplicación práctica de estos principios dependerá en todas partes y en todo tiempo de las circunstancias históricas existentes, razón por la que no se hace especial hincapié en las medidas revolucionarias propuestas al final del capítulo II. Si tuviésemos que formularlo hoy, este pasaje presentaría un tenor distinto en muchos respectos.” (http://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/48-manif.htm).

También, escribiendo en 1850 Engels trataba del destino de Thomas Munzer, coma el del líder de un partido comunista llegado al poder antes de que las condicionas estuvieren maduras para el establecimiento de una sociedad comunista. Vale la pena acatar este pasaje extensivamente:

“le peor que le puede ocurrir a un líder de un partido radical es ser forzado a tomar el gobierno en un tiempo en el que la sociedad todavía no está madura par la dominación de clase que él representa y para las medidas que aquella dominación implica. Lo que realmente puede hacer no depende de su voluntad, sino del grado de tensión alcanzada por el antagonismo de las diferentes clases y del desarrollo de las condiciones de vida materiales, de les condiciones de producción y comercio en la clase sobre la cual siempre existen contradicciones. Lo que él debe hacer, lo que el partido le pide, de nuevo, no depende de él o del grado de desarrollo de la lucha de clase y sus condiciones. El está atado a les doctrinas y reivindicaciones hasta aquí planteadas que, de nuevo, no proceden de las relaciones de clase del momento, o del nivel de la producción y el comercio más o menos accidental. Sino que proceden de la comprensión más o menos penetrante del resultado general del movimiento social y político. De este modo, el se encuentra necesariamente en un dilema insoluble. Se encuentra pues en un dilema insoluble: lo que realmente puede hacer está en contradicción con toda su actuación anterior, con sus principios y con los intereses inmediatos de su partido; y lo que debe hacer no es realizable. El interés del propio movimiento lo obliga a servir a una clase que no es la suya y a entretener a ésta con palabras, con promesas y con la afirmación de que los intereses de aquella clase ajena son los de la suya propia. Quienes ocupan esta posición ambigua están irremediablemente perdidos”. (La Guerra campesina en Alemania)

El mismo Marx había escrito algo parecido en octubre de 1847 (unos pocos meses antes de que él y Engels escribiesen el Manifiesto):

"si el proletariado derroca el poder político de la burguesía, su victoria no pasaría de ser pasajera, sería solamente un cambio al servicio de la misma revolución burguesa, como lo fue en el año 1794, mientras la historia misma, en su desarrollo, en su 'movimiento', no se encargue de crear las condiciones materiales que hagan necesaria la abolición del modo de producción burgués y, por tanto, y a la par con ello, el derrocamiento definitivo del poder político de la burguesía." (Deutsche-Brüsseler-Zeitung, 11 de noviembre de 1847, énfasis de Marx).

Era eso mucho que decir que tuvieron Marx y Engels y otros en la Liga de los Comunistas l legado a controlar el poder político en 1848, que, no siendo capaces de implantar el socialismo, ellos habrían estado “irremediablemente perdidos”, y que no habrían tenido ninguna otra alternativa que desarrollar el capitalismo (incluso bajo la forma de un capitalismo de Estado)

En todo caso, la situación nunca lo presento ni siquiera como una remota posibilidad. En el exilio en Londres Marx y Engels pronto se dieron cuenta de la futilidad de los comunistas conspirando para la toma del poder político en el futuro inmediato, y tendieron a concentrarse en la larga y dura tarea de preparar a la clase obrera que se organizara a sí misma para la toma del poder político.

Después de 1848 la industria moderna hizo grande avances. En el 1847, Engels había escrito que los medios de producción no estaban disponibles en cantidad suficiente para permitir el inmediato, o incluso rápido, establecimiento del socialismo. Un cuarto de siglo más tarde, en 1872, escribía:

“Gracias precisamente a esta revolución industrial, la fuerza productiva del trabajo humano ha alcanzado tal nivel que, con una división racional del trabajo entre todos, existe la posibilidad – por primera vez desde que existen hombres capaz de producir lo suficiente, no sólo para asegurar un abundante consumo a cada miembro de la sociedad y constituir un abundante fondo de reserva, sino también para que todos tengan además suficientes ocios, de modo que todo cuanto ofrece un valor verdadero en la cultura legada por la historia – ciencia, arte, formas de trato social, etc. – pueda ser no solamente conservado, sino transformado de monopolio de la clase dominante en un bien común de toda la sociedad y además enriquecido.” (Contribución al problema de la vivienda, http://www.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/73cpv/2.htm).

Y seis años más tarde, en la parte del Anti-Dühring más tarde publicado como el panfleto Socialismo Utópica y Científico, inmensamente popular:

“Por vez primera, se da ahora, y se da de un modo efectivo, la posibilidad de asegurar a todos los miembros de la sociedad, por medio de un sistema de producción social, una existencia que, además de satisfacer plenamente y cada día con mayor holgura sus necesidades materiales, les garantiza el libre y completo desarrollo y ejercicio de sus capacidades físicas y espirituales.” (http://www.marxists.org/espanol/m-e/1880s/dsusc/3.htm)

En otros palabras, la opinión de Engels era que por los 1878 contrariamente a la situación da 1848, “el estado del desarrollo económico [estaba] maduro para poder eliminar la producción capitalista”. Si bien él no podría haber contestado a la pregunta, “¿sería posible que la propiedad fuera abolida de un golpe?” con un “si”, él, ciertamente, habría contestado que podría ser abolida (i.e. propiedad colectiva y una sociedad sin clases establecida) bastante rápidamente. El principio está claro aquí, para Marx y Engels cuento más alta es el nivel de desarrollo de los medios de producción, más corto es al periodo de transición política que se necesita para hacer de los medios de producción propiedad común de la sociedad como un todo.

Engels exageraba cuando escribió en 1872 que los medios de producción podían entonces haber abastecido “lo suficiente, no sólo para asegurar un abundante consumo a cada miembro de la sociedad y constituir un abundante fondo de reserva”. Ciertamente, los medios de producción podrían haber proporcionado lo suficiente para eliminar la pobreza material completamente y elevar al consumo de todos por encima del nivel que los tenían que resistir bajo el capitalismo, pero no hubiera sido realmente posible satisfacer el principio de “de cada cual, según sus capacidades a cada cual, según su necesidades”. Por supuesto, Engels reconoció esto y fue precisamente el punto de vista de Marx así como sus notas sobre el programa de Gotha acerca de la inevitabilidad de algunas limitaciones del consumo gratuito en la “primera fase” del socialismo (lo que reconoció).

Habiendo discutido la cuestión da cuanto tiempo Marx y Engels esperaban que durara el periodo político de transición entre el capitalismo y el socialismo podemos preguntarnos ahora, cuánto tiempo pensaban que la transición (como cada una quiera llamarla) entre las fases “primera” y “superior” del socialismo mismo duraría? Esto es algo que ellos no parecen haber discutido pero es claro que se aplica el mismo principio: cuanto más alto el nivel de desarrollo de los medios de producción más corto es el periodo.

Sin embargo, una cosa está clara, que el desarrollo de los medios de producción durante este periodo seria sobre la base de la propiedad colectiva y el control democrático de los medios de producción y la consecuente abolición del mercado, del dinero, de la venta y compra, de los salarios, de los beneficios, etc. La “primera fase de la sociedad comunista”, como la fase superior, sería una sociedad sin mercado en la que la producción será conscientemente planificada para satisfacer las necesidades humanas. Lo que se produciría serian cosas útiles, para la distribución directa a los usos sociales democráticamente decididos (consumo individual, consumo colectivo, expansión de fuentes productivas, reserves, etc.). Lo que Marx llamó “producción de mercancías”, la producción da mercancías para la venta en un mercado, no existiría, no podría existir, sin que la sociedad cesara de ser socialista.

Repetidamente, Marx dejó claro que el socialismo, en ambas fases, era una sociedad sin mercado, con una producción – solamente y directamente – para el uso de la sociedad. El Manifiesto Comunista habla específicamente de “la abolición comunista del tráfico”, y la abolición no solo del capital (riqueza usada para producir otra riqueza con una perspectiva de beneficio) sino también del trabajo asalariado. En el tomo primero del Capital Marx habla de “el trabajo directamente socializado, una forma de producción contrapuesta diametralmente a la de producción de mercancías.” (Capitulo 3) y en el tomo segundo, de cosas que serian diferentes “en el supuesto de que la producción fuera colectiva y no poseyera la forma de la producción de mercancías” (capitulo 20, sección 9). También, en el tomo segundo, Marx comparando como el socialismo y el capitalismo tratarían un problema particular, indica dos veces que no habría dinero que complicara los asuntos en el socialismo: “Si suponernos en vez de una sociedad capitalista, una comunista, en primer lugar desaparecería por completo el capital dinero...” (Capitulo 16, sección 3) y “El capital dinero dejaría de existir en la producción socializada” (capitulo 18, sección 2). En otras palabras, en el socialismo la producción y distribución de la riqueza es solo una cuestión de organización y planificación.

Es precisamente Mandel que es si oponente de Marx más capaz y de más influencia (y los otros que ce san puesto de acuerdo con él, notablemente Bordiga) sobre esta punto de la naturaleza completamente sin mercado de la “primera” fase del socialismo. En su ensayo La Economía en del Periodo de Transición Mandel apunta que,

“Inmediatamente después de la victoria de la revolución de octubre y especialmente en el periodo del comunismo de guerra, los teóricos comunistas contemplaron la desaparición de una economía socialista principalmente en los términos de una desaparición inmediata y general de la economía monetaria y de mercado.” (http://www.ctr.org.ve/paginas/la_economia_en_el_periodo_de_transicion.html)

Significativamente, no cuestiona por qué esto fue así, ya que esto le hubiera llevado a tener que admitir que, sobre este punto, los pensadores bolcheviques estaban en la tradición marxista.

Mandel enuncia que en Rusia pronto apareció que “el mantenimiento de las relaciones monetarias y del mercado se adaptaba mejor a la maximización del crecimiento económico y a la mejor defensa de los trabajadores como consumidores”, y concluye formulando la siguiente ley general:

“la supervivencia de las categorías monetaria y de mercado parecen ser inevitable en el período de transición del capitalismo al socialismo. Pero su supervivencia ocasiona una serie de consecuencias económicas y sociales que entran en contradicción con los imperativos de una sociedad que está construyendo el socialismo.”

De hecho, la experiencia de Rusia bajo el llamado “comunismo de guerra” demostró que en aquel tiempo la Rusia aislada estaba madura para alguna forma de capitalismo – con su “mercedo y categorías monetarios” – y no para el socialismo. Mandel acepta el socialismo como una sociedad mundial, sin clases, sin Estado, sin dinero y sin salarios (para definir la, de algún modo negativamente). Como escribió en The Inconsistencies of State Capitalism (“Les contradicciones del Capitalismo de Estado”, IMG, Londres, 1969):

“El socialismo significa una sociedad sin clase. Por lo tanto presupone no sólo la supresión de la propiedad privada de los medios de producción, en la sucesiva dirigida de modo planificado por los mismos trabajadoras asociados sino que también clama por un grado de desarrollo do los fuerzas productivas que haga posible la desaparición de la producción de mercancías, del dinero, y del Estado.”



“La clase obrera... no es capaz de edificar una sociedad socialista en un solo país, ni incluso en los Estados Unidos (por no hablar de Gran Bretaña o de la Europa Occidental).”

Todo lo que puedo consolidarse en el futuro inmediato, dice Mandel, es una tercera sociedad. Ni capitalista. Ni socialista, que tendrá el objetivo de desarrollar los medios de producción hasta el grado que el socialismo mundial sea posible como una sociedad de abundancia: una “sociedad transicional” entre el capitalismo y el socialismo, con su propia estructura social y con leyes económicas diferentes de las leyes económicas del capitalismo y del socialismo. Mandel describe a esta llamada sociedad transicional suya como sigue:

“Nacionalización de todos los medios de producción bajo el control de los obreros, economía planificada democráticamente, pero aún con la producción de mercancías de bienes de consumo, con la supervivencia del dinero, con comercio exterior y con un ejército de los obreros en tanto en cuanto subsista la amenaza de los Estados burgueses fuertes”.

Esta “sociedad transicional”, como el capitalismo pero no como el socialismo puede establecerse a escala nacional. De hecho, dice Mandel, sería el objetivo inmediato de cada clase obrera nacional (rechazando de este modo el punto de vista marxista según el cual la clase obrera de todos los países deberían apuntar a una revolución socialista mundial más o menos simultáneamente).

Si Marx había suscrito realmente este punto de vista, de que había otro sistema de sociedad – durando toda una “época” – entre el capitalismo et el socialismo, es curioso, por lo menos, que él nunca lo mencionara. De hecho, en ningún parte Marx habla de ninguna “sociedad transicional” entre el capitalismo y el socialismo o para utilizar alguna de las frases empleadas por Mandel, “la época de transición del capitalismo al socialismo”, “una economía transicional”, “la sociedad en transición del capitalismo al socialismo”. Ciertamente, él habla de un “periodo político de transición ” y de un “periodo de la transformación revolucionaria” entre el capitalismo y el socialismo pero, como hemos visto, esto era meramente el periodo durante el cual la clase obrera usaría su control del poder estatal para establecer la propiedad colectiva de los medios de producción, un periodo político de transición relativamente corta que sería tanto más corto cuanto más elevado fuera el desarrollo de los medios de producción en el momento en el que la clase obrera ganara el control del poder política y ciertamente, sin durar una “época”.

Mandel trata de justificar su posición identificando su “sociedad transicional” en la “primera fase de la sociedad comunista” de Marx (y pensar que la frase “primera fase de la sociedad comunista” quiere decir, obviamente, lo que dice: la primera fase de la sociedad comunista, de ninguna otra distante). Hemos visto, como Marx reconoció la inevitabilidad de algunas limitaciones en el consumo gratuito en los primeros estadios del socialismo (si se hubiera establecido en les 1.870) y mencionó “los certificados del tiempo de trabajo” como un método posible para hacer esto. Mandel sostiene que en estas circunstancias se use los certificados del tiempo de trabajo, o se use dinero, es sólo un asunto de elección. Argumenta que el dinero es mejor porque permite a los obreros, como consumidores más libertad de elección que los certificados del tiempo de trabajo o cualquier sistema de racionamiento físico.

Pero esto se basa en una completa incomprensión de la teoría marxista del dinero. Para Marx el dinero no era una cosa sino una relación social, una categoría económica que existía sobra la base de ciertas relacionas sociales entre los productoras, específicamente, una economía de trueque, reflejando el hecho de que la producción no estaba todavía socializada sin realizada por productores individuales aislados y más tarde el hecho de que, a pasar de la producción socializada, había aún apropiación privada o parcial. Señalo que “los certificados del tiempo de trabajo” no eran dinero; eran simplemente pedazos de papel autorizando una persona a retirar la provisión de productos reservados para el consumo individual. No circulaban, ni reflejaban una relación de propiedad privada. Como lo esposos, Marx en un pasaje de sus notas sobre el programa de Gotha – un pasaje accidentalmente entrecomillado par Mandel en el artículo de Critique – “en la sociedad de cooperación basada en la propiedad colectiva de los medios de producción, los productores no cambian sus productos”.

No queremos defender el sistema de los “certificados del tiempo de trabajo”. Era inapropiado incluso en tiempo de Marx, sufriendo numerosas anomalías, algunas de las cuales fueron reconocidas por el mismo Marx. Suscribiríamos el punto de vista de la crítica de Marx a los esquemas que introduce el “trabajo-dinero” bajo el capitalismo como apropiado también en cierta medida al esquema de los “certificados del tiempo de trabajo” en los primeros estadios del socialismo. Pero está claro que Marx no consideraba el uso del dinero (una mercancía que se ha convertido universalmente en permutable con todas las otras mercancías) como una forma alternativa de racionamiento en la “primera fase de la sociedad comunista” de hecho, hubiera considerado esto como una propuesta contradictoria absurda. ¡Podemos imaginarla reprendiendo duramente a Mandel en los mismos términos que el reprendió a Proudhon por sandeces similares!

Volvamos ahora a la cuestión de por cuánto tiempo tendrían que continuar algunas restricciones sobre el consumo gratuito después del establecimiento del socialismo. Mirando atrás, ahí podemos decir que de haberse consolidado el socialismo mundial en el 1879, podría haber pasado una generación antes de que hubiera podido ser satisfecho el acceso gratuito total a los bienes de consumo y servicios, de acuerdo con les necesidades individuales. Este cálculo se basa en el hecho de que fue en el 1900 que empezaron a sentirse les efectos de la llamada segunda revolución industrial – la aplicación a la producción del motor eléctrico y del motor de combustión interno. Recuerden que Marx y Engels juzgaban las posibilidades del socialismo en base solamente de la primera revolución industrial (la aplicación a la producción del motor de vapor). Marx, que murió en el 1883 nunca vio ni un motor eléctrico ni un motor de combustión interna. Pero por supuesto cada avance de la tecnología convertía el socialismo incluso en algo más relevante.

Alrededor del 1900, gracias a esta segunda revolución industrial, el capitalismo llegó a ser el sistema mundial predominante. Por “predominante” no queremos decir que el capitalismo existiera en todo el mundo sino que meramente toda la gente del mundo incluso si Vivian bajo condiciones pre capitalistas, fueron decisivamente afectadas por el funcionamiento del capitalismo mundial. Si ustedes lo prefiere, el 1900 indica la conversión del capitalismo en un sistema mundial – un hecho que algunos escritores marxistas han descrito como su conversión en “imperialista”. En el 1914, con el estallido de la primera guerra mundial en la historia de la humanidad, fue una sangrienta confirmación de esto. Entrecomillamos a Sternberg de nuevo:

“El desarrollo capitalista se había tomado varios cientos de años para llegar al estadio en el que quizás un diez por ciento de la población mundial producía según líneas capitalistas, pero los dos tercios del siglo que le siguió – aproximadamente desde la mitad del siglo XIX hasta el estallido de la primera guerra mundial – el capitalismo se convirtió en la forma de era la producción dominante no sólo en un país, Inglaterra, sino en todo el mundo, hasta quizás entre un 25% y un 30 % de la población mundial producía según líneas capitalistas, mientras que n Gran Bretaña, Estados Unidos, Alemania y en la Europa Occidental en general, el capitalismo mantenía prácticamente el monopolio de la producción. Al mismo tiempo el desarrollo capitalista había hacho un progreso considerable en Rusia y en Japón, aunque aún existían vestigios del feudalismo, mientas que en los otros países asiáticos las formas de producción pre capitalistas habían sido definitivamente socavadas.”(Socialismo and Capitalism on Trial, p. 19).

De hecho, podemos situar el fin del papel del capitalismo en la historia – al crear los lazos materiales para una sociedad de abundancia socialista mundial – en esta época. Alrededor de 1900 el capitalismo había sobrevivida completamente a su utilidad. Desde entonces solamente el establecimiento inmediato del socialismo mundial ha sido “progresivo”. De hecho, desde entonces, el socialismo mundial – dado, por supuesto, el desarrollo de un movimiento socialista mayoritario entre la clase obrera en las partes industrializadas del mundo – podría haber sido establecido “de un golpe” por una más o menos revolución socialista mundial.

Desde e1 1900 la clase obrera ha necesitado aún, en cierta manera, organizarse para tomar el poder político en los distintos estados del mundo, y, en este sentido, un “periodo político de transición” durante el cual la clase obrera use el poder estatal para establecer la propiedad colectiva de los medios de producción, es aún necesaria. Sin embargo ya que este periodo sería tan corto como despreciable, el concepto de un periodo de transición ha pasado de moda.

Similarmente, aunque en los primeros años del socialismo, mientras se clarifica el desarreglo dejado por el capitalismo, puede que aún sean necesarias algunas restricciones del consumo gratuito total, la sociedad socialista mundial podrá ahora avanzar rápidamente (i.e., bajo una década) como mucha satisfaciendo el libre acceso a los bienes de consumo y a los servicios de acuerdo a la necesidad individual como principio de distribución. Para resumir, el concepto de un “periodo de transición”, que dura varios años, entre el capitalismo y el socialismo es hoy un concepto obsoleto del siglo XIX, con el ideal de una “sociedad transicional” entre el capitalismo y el socialismo, como propone Mandel nunca se encuentra en Marx en primer lugar.

Auges y recesiones economicas: Que los causa?

Auges y recesiones económicas: ¿qué los causa?
Las “recesiones”, “contracciones económicas” o “crisis económicas”—todas son frases sinónimas que se aceptan actualmente como parte regular de la vida económica. Los políticos dan cuenta “racional” de ellas, describiéndolas como “dolor necesario” que a veces hay que padecer. En última instancia la economía controla a los políticos y no éstos a aquélla.

¿Que es una crisis económica?
Las crisis económicas son periodos de bajo crecimiento económico e incluso negativo. Esto significa que los niveles de producción son inferiores e implican aumento del desempleo. Como resultado, se debilita el poder de negociación de los obreros y sus salarios disminuyen.
Cambio de actitudes
Hace tiempo muchos economistas creían que las crisis eran evitables. Cuando Karl Marx argumentó que el capitalismo se desarrolla inevitablemente de una manera inestable, con periodos de expansión y contracción, su teoría fue ferozmente rechazada. En su obra principal, El capital, Marx formuló la ley básica del proceso de desarrollo capitalista en los siguientes términos:
La tremenda capacidad del sistema fabril para expandirse a saltos enormes, y su dependencia en el mercado mundial, da lugar necesariamente al siguiente ciclo: producción frenética, con el consecuente atiborramiento del mercado, luego, la contracción de éste, de lo que resulta la parálisis de la producción. La vida de la industria se vuelve una serie de periodos de actividad moderada, prosperidad, sobreproducción, crisis y estancamiento.
En esa época y durante décadas más tarde, los economistas capitalistas aseguraron que las crisis y las contracciones no eran parte intrínseca del capitalismo. Esta idea de que, si se deja que el libre mercado marche por sí sólo, no ocurrirán crisis se basaba en la doctrina propugnada por J. B. Say, economista francés de principios del siglo XIX, la cual dice así:
Cada vendedor lleva un comprador al mercado.
Claro está que si cada mercancía producida de verdad fuera comprada, no habría desplomes económicos (lo cual es cierto por definición). Sin embargo, tal suposición se basa en un falso razonamiento, sobre el cual Marx explicó:
Nada puede ser más tonto que el dogma de que porque cada venta es una compra y cada compra una venta, la circulación de mercancía implica necesariamente un equilibrio entre ventas y compras... su intención real es mostrar que cada vendedor trae con él un comprador al mercado... pero nadie necesita comprar directamente sólo porque le hayan vendido algo. (2)
¿Puede ayudar la intervención del gobierno?
Según Marx, la división en el capitalismo entre compradores y vendedores de mercancías abre la posibilidad de crisis y tropezones económicos, pues los poseedores del dinero no siempre encuentran en sus intereses convertir de inmediato el dinero en mercancías. Por lo tanto, mientras existan el comprar y el vender, el dinero, los mercados y los precios, el comercio será cíclico.
En la época de la Gran Depresión de los años treinta, la mayoría de los economistas habían llegado a concordar en que las crisis eran parte integrante del capitalismo, habiendo seguido la pauta impuesta en ese tiempo por John Maynard Keynes. Como Marx antes que él, Keynes argumentaba que la ley de Say no tenía sentido y que el mercado libre no conducía naturalmente a un punto de equilibrio de pleno empleo con crecimiento sostenido. El capitalismo, razonaba, si fuese dejado seguir su propio impulso, terminaría por estancarse, como había sucedido luego del estrepitoso derrumbe de Wall Street en octubre de 1929. Keynes y sus seguidores adoptaron el punto de vista de que, conforme el capitalismo se desarrollaba, la tendencia observable del sistema a concentrar la riqueza en unas cuantas manos lleva al ahorro excesivo, al atesoramiento de la riqueza y al descenso de la demanda total. Esto a su vez hundiría al capitalismo en una crisis prolongada.
Keynes, al elaborar una doctrina económica que influiría a los gobiernos de todo el mundo, proclamaba que era necesaria la intervención del gobierno para impedir crisis futuras. Los gobiernos debían aumentar los impuestos a quienes menos les gustaba gastar grandes partes de sus ingresos, y encauzar fondos directos a quienes sí lo hicieran. Además, los gobiernos deberían intervenir para asegurar un nivel adecuado de demanda en la economía, aumentando el gasto y operando con déficits presupuestarios cuando fuera necesario.
El comercio mundial de 1932 era poco más de un tercio de lo que había sido antes de la catástrofe de Wall Street. Los dos países más afectados fueron Estados Unidos, donde el desempleo ascendió a trece millones de desempleados, y Alemania, donde el número de desempleados alcanzó los treces millones y fue uno de los factores que impulsaron la llegada de Hitler al poder. En la Gran Bretaña, más de tres millones, o sea el veinte por ciento de la fuerza de trabajo, carecían de empleo en 1932.
Los remedios de Keynes aumentaron el gasto del estado y los déficits de presupuesto fueron puestos en práctica de 1933 en adelante en Estados Unidos por el gobierno de los Demócratas presidido por Roosevelt. El desempleo disminuyo cierto tiempo, pero no más que en la Gran Bretaña, que no había seguido los consejos de Keynes y operaba directamente con políticas opuestas a las de este economista. En 1938 se desencadenó otra crisis en Estados Unidos, la cual sólo sanó durante la Segunda Guerra Mundial. El pronóstico inicial de de la intervención de carácter keynesiano no fue, por consiguiente, bueno, aun cuando la opción por el libre mercado estuviera muerta y enterrada.
Después de la Segunda Guerra Mundial, los varios países capitalistas de empresa privada adoptaron las recomendaciones de Keynes en grados diversos, precaviendo la posibilidad de otra Gran Depresión y las revueltas sociales que traería consigo, y confiados en que los mercados libres, sin trabas, eran cosa del pasado. A pesar de esto, en la mayoría de los países siguió presentándose el ciclo del comercio como antes, aunque sin experimentar grandes depresiones. Una de las pocas excepciones fue la Gran Bretaña. En el Reino Unido el crecimiento se mantuvo relativamente fuerte durante todos los años cincuenta y sesenta y el desempleo nunca fue mayor de 900,000. Los partidarios de las políticas keynesianas proclamaron que era un triunfo de la manera como el gobierno había manejado la demanda. La historia ulterior de la economía en la Gran Bretaña pronto probaría lo equivocados que estaban. Después de la guerra, la Gran Bretaña consiguió una posición relativamente ventajosa en los mercados mundiales para muchas mercancías, época en que estaban devastados económicamente sus rivales Alemania y Francia. Por algún tiempo en la Gran Bretaña emergió como uno de los principales productores de vehículos de motor, aviones, sustancias químicas, electricidad y otras mercancías. Hacia fines de los años sesenta, sin embargo, los rivales de la Gran Bretaña se habían recuperado y vuelto competidores con tecnología mejoradas que habían introducido después de los destrozos ocasionados por la guerra. A fines de los años sesenta y principios de los setentas, el clásico ciclo del comercio resurgió como una especie de venganza contra la economía británica, lo que a la larga fomentó el retorno a las políticas de libre mercado en los años ochenta. Ahora, a principios de los años setenta, durante el régimen del Primer Ministro Edward Heath, el desempleo creció por encima de la cota del 1, 000,000 por primera vez desde 1945. Para entonces los economistas ya estaban de acuerdo en que las recesiones eran parte intrínseca del capitalismo, aunque en su momento habían seguido las directrices de John Maynard Keynes. Como Marx antes que él, Keynes alegó que la ley de Say era pura tontería y que el mercado libre no llevaba naturalmente a un punto de equilibrio de pleno empleo con crecimiento sostenido, y que el capitalismo, abandonado a su peculiar modo de funcionamiento, terminaría por atascarse, tal y como había sucedido después del derrumbe de Wall Street en octubre de 1929. Keynes y sus seguidores adoptaron el punto de vista de que, como capitalizable para el estado que como capitalismo se había desarrollado, las crisis y las recesiones se habían integrado más con la concentración mundial del capital, y que sus efectos se habían propagado ampliamente. Lo que es más, habían sido capaces de demostrar que ni la economía política keynesiana ni el libre mercado habían sido capaces de impedir el colapso.
Guía paso a paso
Ciertamente, la mera existencia de comprar y vender siempre hace surgir la posibilidad de la crisis, pero el impulso a acumular capital—el fuego vital del capitalismo—asegura que periódicamente la crisis se vuelva una realidad, y nada que hagan los políticos puede impedirla. Cuando el capitalismo está en auge, las empresas están en una posición en que sus beneficios están incrementándose, el capital se está acumulando y el mercado está hambriento de mercancías. Pero esta condición no dura mucho. Las empresas están en perpetua lucha por lucrar—necesitan las ganancias para poder acumular capital y por tanto sobrevivir en contra de sus competidores. En la época de bonanza esto conduce inevitablemente a algunas empresas—por lo general las que han crecido vertiginosamente—a extender en demasía sus operaciones en el mercado disponible.
En el capitalismo, las decisiones sobre inversión y producción las hacen miles de empresas en competencia que operan sin control social ni regulación alguna. El impulso competitivo hacia la acumulación de capital obliga a las empresas a expandir sus capacidades productivas como si no hubiera límite al mercado disponible para las mercancías que están produciendo.
El crecimiento no está planeado; sólo gobernado por el caos del mercado. El crecimiento de una industria no está acoplado al crecimiento de las demás industrias sino tan sólo a la expectativa de la ganancia, y de esto resulta una acumulación y un crecimiento desequilibrados entre las varias ramas de la producción. La acumulación excesiva de capital en algunos sectores de la economía pronto aparece como sobreproducción de mercancías. Las mercancías, imposibles de ser vendidas, se amontonan, y las empresas que han ampliado exageradamente sus operaciones tienen que aminorar la producción.
A medida que las mercancías invendibles permanecen almacenadas se hunden los ingresos y las ganancias, haciendo al mismo que la inversión sea más difícil y que menos valga la pena. La acumulación se atasca, el ahorro y el atesoramiento se incrementan y las fuerzas inestables del dinero y el crédito pronto trasmiten la depresión hacia los demás sectores de la economía. Las empresas que al principio se expandieron ilimitadamente recortan sus inversiones y esto trae consigo una caída de la demanda de los productos de sus proveedores quienes, a su vez, se ven forzados a restringir su producción, contagiando sus dificultades a los proveedores de sus proveedores y así sucesivamente. Los beneficios se hunden, las deudas se acrecientan y los bancos aumentan las tasas de interés y restringen sus préstamos, de todo lo cual resulta una espiral viciosa y descendente de contracción económica. De este modo, lo que empezó como una sobreproducción parcial en ciertas porciones del mercado se transforma en una sobreproducción general, en la cual se ve afectada la mayoría de los sectores de la industria.
Las crisis y las recesiones siguen invariablemente este patrón general. A veces la sobreproducción inicial ocurre solamente en las industrias de bienes de consumo, como sucedió en 1929, y desde ahí se propaga. Otras veces, como a mediados de los años setenta, la expansión desmedida inicial se da en el sector de los bienes de producción donde las empresas producen nuevos medios de producción, como acero industrial o equipo robótico. En la recesión de principios de los años noventa uno de los factores principales fue la extensión desmesurada del sector de la propiedad comercial y algunas de las industrias nacientes de alta tecnología. Pero independientemente de la causa, el resultado es siempre el mismo: caída de la producción, bancarrotas, recorte de salarios y aumento del desempleo, con el consiguiente incremento de la pobreza.
En una recesión hay simultáneamente un problema de caída de la demanda junto con caída de las utilidades. Tratar de resolver un problema (digamos la demanda de parte de los presuntos consumidores) a expensas de los otros (digamos, las ganancias), como quieren los keynesianos, no mejorará la situación. Necesitan ocurrir muchas cosas distintas y por separado antes de que tome su curso una recesión. En primer lugar, el capital tiene que ser liquidado si la capacidad de producción en exceso va a coartarse con capital devaluado siendo comprado barato por las empresas que están mejor situadas para sortear la crisis. En segundo lugar, es preciso deshacerse de las mercancías acumuladas, comprándolas a bajo precio o borrarlas de plano. La inversión no se reanudará si persiste la sobreproducción. En tercer lugar, después de que esto ha ocurrido tiene que haber un incremento de la tasa de beneficio industrial auxiliada por bajas del salario real y baja de las tasa de interés (las cuales se reducirán naturalmente a medida de que la demanda de dinero “fresco” aminore la recesión). Esto ayudará a que se reanude la inversión y aumente la acumulación. También, para que la recuperación se sostenga, gran parte del débito acumulado durante los años de auge tendrá que ser liquidado para que no actúe como un lastre sobre la acumulación futura. Mediante estos mecanismos una recesión ayuda a construir las condiciones para el crecimiento futuro, librando al sistema capitalista de unidades de producción deficientes.
Ciclo continuo
Cuando estos procesos siguen su curso natural, la acumulación y el crecimiento pueden hacer que de nuevo el capitalismo cree una situación de bonanza a la que, inevitablemente, seguirá una crisis y una recesión. Tal ha sido la historia del capitalismo desde sus orígenes. Ninguna medida, ninguna reforma emprendida por los gobiernos—aunque sea hecha con la mejor buena voluntad—ha impedido ni puede impedir la operación de este ciclo. Los defensores del laissez faire (dejar hacer) y del libre mercado han fracasado, igual que los keynesianos partidarios de la intervención del estado. Hoy, enfrentados a una nueva recesión, los partidarios del capitalismo tienen las manos atadas.
En realidad, el ciclo auge-crisis demuestra la impotencia de los reformistas y los políticos y es un cargo más en contra del sistema capitalista en su conjunto, que acarrea miseria para los millones de trabajadores que pierden sus puestos, se vuelven insolventes o ven sus salarios reducidos y tienen que trabajar en las peores condiciones. Lejos de ser una aberración, este ciclo de miseria es el ciclo natural del capitalismo.