Monday, November 19, 2007

El mito de la Rusia socialista

Falsificación: El Mito De La Rusia “Socialista”
From WSPUS



[edit]Unión soviética, China, Cuba… ¿Son países socialistas?
“¿Ha dejado el proletariado de existir en la U.R.S.S. ? ¿Cómo podría sostenérse puesto que el régimen del trabajo asalariado subsiste, habiendo simplemente cambiado de forma? Los trabajadores soviéticos están en la obligación de vender su fuerza de trabajo, al precio que se les proponga o de desaparecer físicamente. La venden al Estado, convertido en capitalista en vez de venderla a capitalistas privados. Pero siguen vendiéndola y es el Estado el que recoge la plusvalía al mismo tiempo que dicta las condiciones en las que se efectúa el trabajo. Se dice que ese Estado es “el Estado de los trabajadores”, de forma que el proletariado se vende a sí mismo su propia fuerza de trabajo. Este subterfugio verbal no sabría ocultar la realidad. […] ¿No es un tal Estado el “Capitalista colectivo ideal” de que hablaba Engels [Friedrich Engels, Anti-Dühring (1878)]?

Así, a pesar de la expropiación de las antiguas clases poseedoras, las condiciones del decaimiento del Estado no se han encontrado realizadas en la U.R.S.S. Vemos el Estado soviético a la vez conservar las antiguas funciones del Estado capitalista y adquirir unas nuevas.”

André Ariat, Le régime soviétique est-il socialiste ?, in Masses. Socialisme et liberté n° 2, pág. 21, 15 de marzo de 1946.
Hay ideas preconcebidas que se perpetúan sin que se las ponga en tela de juicio. Tal es el caso de los países llamados “socialistas” o “comunistas”, o también “del socialismo real” o del “socialismo realmente existente”.

Si la toma del poder, en octubre de 1917, por un gobierno despótico en Rusia, provocó desde un principio la oposición de numerosos socialistas (Carlos Kautsky y Rosa Luxemburg en Alemania, Max Adler y Bruno Bauer en Austria, Bruno Rizzi en Italia, Jorge Plejánov, Julius Mártov y Pavel Axelrod en Rusia misma, entre muchos otros), es un hecho innegable de que Rusia ha sido, desde entonces, identificada con el socialismo, contribuyendo así en gran medida al rechazo de éste por la mayoría de los trabajadores del planeta… para satisfacción - y alivio - de los capitalistas, ansiosos de poder ayudar a los “comunistas” a perpetuar esa confusión. La hostilidad de los asalariados al socialismo, bienvenida por los capitalistas, ha tenido por efecto de prolongar la existencia del capitalismo, un sistema que, sin embargo, les hace a muchos de ellos la vida imposible cuando no los condena al desempleo o a la pobreza.

Bien es verdad que en los países occidentales, la clase capitalista, cuya posición y privilegios no están en peligro, tiene la inteligencia de permitir la existencia de organizaciones anticapitalistas (que no representan de momento un peligro para sus intereses ni para el sistema mismo), o de no encarcelar a los oponentes, dándole así un barniz democrático a su dominación económico-social. Al contrario de la dictadura del capitalismo privado que se ejerce, en el área tanto social como económica, con el consentimiento de la mayoría, en la Rusia “socialista”, la dominación de la burocracia se ejercía en contra de la voluntad popular, haciendo inevitable el recurso a la fuerza armada y a la represión.

De hecho, lo que llamamos socialismo no tiene nada que ver con la aceptación general del término. Para los socialistas, el socialismo es un sistema en el que los medios de producción del planeta son propiedad común de todos los miembros de la sociedad que pueden así administrarlos democráticamente. Siendo la población dueña de los medios de existencia y de las riquezas producidas, no tiene por qué comprar lo que ya le pertenece y se sirve libremente en función de sus necesidades. En resumen, se trata de una organización de la sociedad basada en el principio: de cada cual según sus capacidades a cada cual según sus necesidades. Se trata pues de un mundo sin dinero ni bancos, sin Estados ni fronteras, sin clases sociales ni guerras.

Es evidente, pues, que un sistema semejante nunca ha existido. Los países considerados como “socialistas” jamás han sido sociedades sin dinero, sin clases sociales ni Estado. Pero porque, en gran parte a causa de Rusia, el socialismo es, para muchos, asociado a un régimen dictatorial que practica la violencia y el terror a gran escala, debemos examinar más detalladamente una de las más grandes mistificaciones y una de las mentiras más groseras de la historia reciente. Siendo una de las tareas de los socialistas fomentar en cada uno el deseo de vivir en ese mundo “mejor” que será el socialismo, está claro que para facilitar esa tarea, los socialistas deben apartar ciertos obstáculos, entre los cuales el mito de la Rusia “socialista” es de los más formidables.

[edit]¿Propiedad de estado = propiedad social?
“[El] Capitalismo de Estado [es] un régimen en el cual la producción queda sometida a la regla del provecho, siendo ese provecho absorbido - proporcionalmente según la jerarquía - por la dirección administrativa estatal. Encontraríamos pues de nuevo, dos clases sociales opuestas: por una parte, un proletariado siempre explotado; por otra parte, no ya una clase de patrones dueños de los medios de producción, sino una masa de jefes técnicos o administrativos, de directores, grandes funcionarios y dignatarios personajes de la alta jerarquía, titulares de sinecuras, etc… masa que, por poder estatal, dispondría del capital nacional para explotar en su más grande provecho los proletarios, por medio del salariado.”

Simon Rubak, L’évolution du capitalisme condamne-t-elle le marxisme ?, in Masses. Socialisme et Liberté n° 3, junio de 1946.
Pero entonces, si Rusia nunca fue socialista, ¿qué tipo de sociedad se desarrolló allá? Porque, en ese país, los medios de producción fueron nacionalizados, se trató (¡y se trata aún!) de hacernos creer que estaban en manos de la población. Es exactamente como si se nos dijera que las empresas estatales que existen o existían en los países occidentales (ferrocarriles, producción de energía, etc.) “nos” pertenecen. Esa afirmación es rápidamente desmentida por la observación más superficial de la realidad. ¿Hemos alguna vez tenido la posibilidad de decidir sobre la manera de administrar las empresas “públicas”? ¿Hemos alguna vez tenido libre acceso a la luz, al agua o a los automóviles producidos por las empresas estatales? ¿Hemos alguna vez podido viajar libremente en las redes públicas de transportes de viajeros? ¿No han tenido siempre los trabajadores del sector público que defender sus intereses al igual que los trabajadores del sector privado?

De hecho, la propiedad estatal (o pública) no es más que una forma diferente de administrar la economía capitalista. El caso es que, al igual que las empresas privadas, las empresas estatales fabrican mercancías o proveen servicios con el fin de realizar un provecho.

Por lo demás, si se compara el modelo económico ruso con el occidental, se pueden observar cuatro características similares: 1° el control, por una minoría dirigente, de los medios de producción y, por tanto, la división de la sociedad en dos clases sociales con intereses antagónicos; 2° el sistema del salariado - característica original del capitalismo -, es decir la obligación, para los trabajadores, de vender su fuerza de trabajo a un empleador (patrón privado o Estado-patrón según el caso) a cambio de un salario; 3° un Estado, instrumento de defensa de los intereses de la clase dominante y de sometimiento de los asalariados; 4° la producción de mercancías, es decir de bienes y servicios producidos para la venta en el mercado con el fin de realizar un beneficio.

Si, por otro lado, uno recuerda que el socialismo está basado en: 1° el control, por la sociedad entera, de los medios de existencia y, pues, la ausencia de una clase poseedora y de una clase explotada; 2° la igualdad social, es decir la ausencia de la relación capitalista empleador-empleado; 3° la administración democrática de los medios de producción de las riquezas; 4° la producción de bienes y servicios en función de las necesidades expresadas por la población, es fácil comprobar que el sistema que prevaleció en Rusia - y se perpetúa en China o Cuba - no era ni el socialismo ni el capitalismo privado, sino una forma particular de capitalismo que llamamos capitalismo de Estado.

[edit]Rusia “comunista”: una sociedad dividida en clases sociales
“Suele decirse que el personal del aparato de Estado, la burocracia, no puede constituir una clase social en el sentido propio de la palabra, porque el Estado es una superestructura política y que las clases no pueden formarse sino en la infraestructura económica de la sociedad. Pero este razonamiento en apariencia “marxista” no se aplica precisamente a un Estado del tipo del Estado soviético actual. Ya que el Estado se convierte en el dueño de la economía, la infraestructura económica y la superestructura política tienden a confundirse. En la medida en que el Estado ejerce sus nuevas funciones económicas fuera del control popular, la burocracia tiende a elevarse por encima del resto de la sociedad, asumiendo la función de las antiguas clases dirigentes, y heredando de ellas también algunos de sus privilegios. Importa poco que aquí se polemice sobre esas palabras para saber si se trata de una “clase”, de una “capa social” o de una “casta” dirigente. Basta que la relación de dueño a servidor esté restablecida de hecho, en el orden económico tanto como en el político, para que se pueda considerar que un régimen de ese tipo no es el Socialismo.”

André Ariat, Le régime soviétique est-il socialiste ?, in Masses. Socialisme et liberté n° 2, 15 de marzo de 1946.
Tal como ya hemos visto, en los países occidentales, la apropiación de los medios de existencia de la sociedad por la minoría capitalista tiene como consecuencia, en el plano social, de dividir la sociedad en dos clases sociales principales de intereses opuestos: por un lado, la clase capitalista, que posee y/o controla los medios de producción y, por el otro, la clase trabajadora, que está en la obligación de trabajar para la primera a cambio de un salario.

¿Se reproduce este esquema en la Rusia “comunista”? Es evidente que si. Al igual que en los países occidentales, existía en Rusia “comunista” (como en China), trabajadores asalariados obligados de trabajar para un empleador a fin de vivir. Y, también, existía en Rusia (como existe en China) una clase dirigente que detentaba el monopolio de los medios de producción, en todo caso los más importantes desde un punto de vista económico y estratégico… con la diferencia de que ese monopolio no revestía las mismas formas que en los países capitalistas occidentales.

En efecto, en la Rusia “socialista”, la economía está casi por completo estatizada. Así, los que controlaban el aparato de Estado estaban en condiciones de apropiarse las riquezas producidas por las empresas estatales. En el caso particular de Rusia, esta clase dirigente estaba formada de los que ocupaban los escalafones superiores del Partido comunista - el Polit Buro, el Secretariado, el Comité Central - y los puestos clave del Estado y de la economía - ministros, embajadores, militares de alto rango, directores de empresas -, en una palabra, la famosa Nomenclatura. Claro, no poseían (a semejanza de los capitalistas privados occidentales) títulos de propiedad individuales sobre los medios de producción (ni los necesitaban siquiera), pero controlaban estos últimos colectivamente a través del Estado.

Esta forma de apropiación colectiva de clase de los medios de producción, ciertamente diferente de la propiedad privada e individual que se desarrolló en los países occidentales, no tiene de hecho nada nuevo ni original pues se pueden encontrar formas de control por el Estado - si bien menos desarrolladas y sin las características capitalistas de la Rusia “socialista” - sobre la economía y la sociedad en la Historia. En efecto, los reyes de Babilonia, los faraones de Egipto y los emperadores de China en modo alguno necesitaban títulos de propiedad para llevar su existencia fastuosa y parasitaria. Más cerca de nosotros, en la Edad Media, el alto clero no tenía tampoco ninguna necesidad de ser legalmente dueño de los dominios de la Iglesia católica para explotar a los siervos que en ellos trabajaban.

[edit]Rusia de ayer y de hoy: del capitalismo… al capitalismo
“nadie puede negar que la U.R.S.S. vive bajo el régimen político del partido oficial único, que ese partido que rechaza las tendencias sea en su seno tan totalitario como el régimen al que preside y que, finalmente, la totalidad de los poderes efectivos esté concentrada en Rusia entre las manos de un solo hombre. Frente a semejante centralización del poder, la contrapartida de un control democrático no existe, pues no se puede dar ese nombre a un plebiscito periódico del que la oposición está ausente. Es un Estado semejante el que dispone de la totalidad del poder económico al mismo tiempo que del poder político. ¿Es eso el socialismo?”

André Ariat, Le régime soviétique est-il socialiste ?, in Masses. Socialisme et liberté n° 2, 15 de marzo de 1946.
Cuando desapareció la Rusia “socialista”, una parte de la Nomenclatura, la antigua clase capitalista de Estado, aprovechó su posición privilegiada para reconvertirse en una clase capitalista clásica. Claro está que, entre los miembros de la antigua clase dirigente, hubo perdedores. Algunos intentaron en las primeras semanas, en medio de la confusión, retomar el control de los acontecimientos para volver al antiguo sistema nomenclaturista, pero en vano.

Si nos podemos alegrar del fracaso del capitalismo de Estado en Rusia, varias décadas de propaganda, animadas tanto por los partidarios de ese “socialismo” (presos de un discurso concebido en una época en que ese término gozaba de un gran poder de atracción) como por sus adversarios (demasiado contentos de poder demostrar la innegable superioridad del capitalismo), llevaron a una inmensa mayoría de trabajadores a identificar el socialismo con el capitalismo de Estado, creando así una de las más grandes confusiones - y una de las más nefastas para la clase trabajadora - del siglo XX.

Para nosotros, socialistas, la desaparición del capitalismo de Estado, incluso disfrazado de “socialismo”, no afecta a la causa socialista. Porque el socialismo no ha sido nunca establecido, sigue estando a la orden del día. Después de todo, ¿cómo la sociedad actual, en la que reina la ley del más fuerte, donde una minoría lleva una existencia privilegiada y despreocupada mientras que la mayoría debe enfrentarse al desempleo, a la pobreza, al estrés, a la precariedad, cuando no al hambre y a la guerra, cómo puede esa sociedad ser considerada como “el mejor de los mundos posibles?

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1 comment:

arteman17 said...

Parece que ustedes confunden el término socialista con el de comunista o comunismo, yerran al afirmar que en el socialismo los bienes pertenecen a toda la colectividad, eso es un planteamiento erróneo, se supone que en el socialismo siguen persistiendo las clases sociales, donde el Estado es el rector y quien determina el uso y la planificación de los bienes comunes y sólo en el Comunismo se posee en comunidad junto con la desaparición paulatina de las clases y el Estado, los bienes, los medios de producción que se harán colectivos.Así mismo parecen olvidar que quienes siempre vieron en el socialismo ruso un peligro para el capitalismo mundial fueron los capitalistas y el imperialismo, nunca aplaudieron medidas socialistas sino que muy al contrario ayudaron de mil maneras a socavar el socialismo en Rusia. Desde mi punto de vista el error en la ex Unión Soviética fue esa estúpida invención de "la coexistencia pacífica" que demostró que el imperialismo nunca se ha "dormido en sus laureles", a diferencia de los socialistas rusos, quienes pensaron que se podría dormir con el enemigo. Al enemigo de clase se le derrota en todos los campos, no se puede transigir con él, los intereses son irreconciliables. Confunden ustedes así mismo el concepto de Capitalismo de Estado que es lo que han tenido los países capitalistas antes del advenimiento de esta etapa de liberalismo económico que se padece ahora. En fin creo que están bastante desencaminados no sé si de manera torpe o alevosa...lástima.