Monday, November 19, 2007

Cuba no es un paraiso obrero

Cuba: No es un paraíso obrero
From WSPUS
Fantasías de la Izquierda al descubierto.

La escena es típica: el final de una reunión de una sección de un sindicato; los miembros están cansados después de discutir temas complejos económicos y disciplinarios; cansados de escuchar a los hiper-activistas gloriándose en el sonido de sus propias voces; desesperados por escaparse. El tema 9 en la agenda de la reunión de una hora son los gastos para un delegado a la reunión de la Campaña de Solidaridad con Cuba. Manos exhaustas se levantan para aprobar los dineros, sin debate, votando tanto por escapar como por sanción.

Cuba se ha convertido en una causa célebre para muchos de la izquierda. Por ejemplo: Michael Albert, de Z-Magazine en Estados Unidos, tuvo que hacer una defensa de retaguardia de sus críticas a la decisión de Cuba de asesinar a los secuestradores (siendo sus propios críticos activistas y oponentes al asesinato por el estado en los EE.UU; el anarquista super-estrella Noam Chomsky calurosamente apoya el desafío de Cuba a EE.UU., permaneciendo estoicamente silente sobre el régimen interno de Cuba, excepto que es un asunto de los propios cubanos.

En la literatura europea siempre se suponía que Utopía fuese una lejana Isla imaginaria en desconocidos mares como el Caribe; ahora, según parece, es una isla muy real en aguas bien conocidas por una buena mayoría de la izquierda -aún si ésas son aguas que han sido bien navegadas por la Unión Soviética y sus misceláneos compañeros de viaje. Este respeto sentimental por Cuba no sería tan preocupante de estar confinado a los cuadros moribundos de los Tanquistas Estalinistas; sin embargo, sus tentáculos alcanzan mucho más lejos. Como Chomsky, muchos adoptan un reflejo anti-americano y respaldan al más pequeño en contra del hiper-poder; excusando las partes represivas del régimen de Castro como errores, o excesos de una guerras de asedío.


Este es un asedío que ha durado mucho tiempo. Los guerrilleros de Castro salieron de las montañas en 1959 para expulsar al dictador cleptócrata Batista que era respaldado por EE.UU. Lo que comenzó como un simple movimiento nacionalista fue rápidamente empujado al campo “comunista” por la hostilidad del gobierno americano. El nuevo régimen capeó numerosos intentos de desplazarlo, incluyendo la invasión de Bahía de Cochinos de Kennedy; y variados intentos por la CIA de asesinar a Castro. Simultáneamente, las antiguas guerrillas se declararon a favor del “comunismo”, y abandonaron los sueños de autarquía nacional al convertirse en una plantación de azúcar para la URSS en vez de los EE.UU. (Ver Socialist Standard, Abril de 1984).

Estados Unidos nunca ha podido perdonar la expropiación de sus millonarios por el partido de Castro, y ha mantenido su asedío desde entonces. Por su parte, el régimen de Castro ha demostrado ser sorprendentemente resistente (hasta el punto de los planificadores americanos ahora están tomando la “resolución biológica”, i.e. la muerte de Castro por vejez, como la manera más probable para ellos avanzar su causa.) Durante ese tiempo, el régimen ha mantenido un fuerte control sobre la economía. A veces, esto ha significado una mano burocrática dura, requiriendo multitud de permisos para producir, distribuir y exportar o importar artículos.

Nada de esto ha abolido la naturaleza de mercancía de la producción, ni el sistema de salarios. Un hecho ilustrado severamente por el colapso de la Unión Soviética, y la pérdida de los mercados de exportación de Cuba, así como el conveniente suministro de petróleo para fines industriales. La economía sufrió una seria recesión, de la que todavía no se ha recuperado completamente. Desde entonces, el gobierno ha estado tratando de reorientar la economía hacia el turismo para atraer esenciales divisas extranjeras. Esto ha llevado a una situación en la que se producen artículos únicamente para ser consumidos por los turistas en sus enclaves, los que se les niegan a los trabajadores cubanos.

La existencia continuada del sistema de salarios ha significado la necesidad de medidas para imponer disciplina laboral. El estado cubano solamente reconoce a una federación sindical, la Central de Trabajadores de Cuba (CTC.) Ésta consiste de sindicatos completamente dominados por el Partido Comunista en el poder, en el que los dirigentes son aprobados (no solo por sus afiliaciones presentes, sino por un historial de su vida entera yendo hasta los expedientes escolares) antes de que se les permita ocupar puestos. Aunque los sindicatos independientes no son completamente ilegales, su existencia está sujeta a controles represivos y hostigamiento, comenzando con la Ley de Asociaciones y escalando a las leyes generalmente represivas de orden político. (Fuente: http://www.icftu.org/).

Como Amnistía Internacional apunta, en los últimos años el número de disidentes políticos presos ha disminuido; pero a esto se contrapone un aumento en las técnicas de hostigamiento a corto plazo, tales como arrestos sin juicio, rupturas de reuniones, amenazas de desalojo, etc. Según IFCTU (una organización a la que la TUC británica está afiliada) en los primeros meses de este año más de 78 activistas sindicales fueron marcados por el estado cubano. Uno, por ejemplo, fue arrestado por intentar resistir el desalojamiento de una familia organizado por el estado.

Aunque Cuba nominalmente tiene un 100 por ciento de sufragio a partir de los 16 años, esto está restringido a los candidatos aprobados por el Comité de Defensa de la Revolución. Igualmente, una plétora de leyes hace imposible la crítica libre y la organización electoral. El Artículo 144(17) del Código Criminal prohíbe la falta de respeto a la autoridad. Los Artículos 200-201 que impiden la diseminación y causa de pánico y desorden han sido usados para poner en prisión a las personas que públicamente expresan críticas. El Artículo 103 prohíbe “propaganda enemiga” que se interpreta como cualquiera que incite crítica del sistema cubano y sus aliados internaciones. El Articulo 203 criminaliza la falta de respeto a la bandera y los símbolos del régimen. El Artículo 115 evita la diseminación de “noticias falsas contra la paz internacional.” Y el colmo son los artículos 72-74 que prohíben cualquier cosa “peligrosa, lo que puede ser cualquier cosa que la policía y los tribunales así lo decidan. (http://www.amnesty.org/ailib/aireport/).

Este conjunto de leyes equivale a un arsenal listo para detener cualquier pensamiento y organización independiente, y equivale a una capacidad de arrestar a cualquiera que al estado no le guste, en cualquier momento que ellos quieran. En una situación en que los trabajadores no pueden esperar organizarse políticamente, ello hace imposible la libre asociación en sindicatos. Todo esto debe tenerse en cuenta cuando se repiten las historias por quienes apoyan a Cuba (tal como la Campaña de Solidaridad con Cuba) sobre cómo los trabajadores tienen democracia y libertad para organizarse en Cuba, o de cómo los comités en el centro de trabajo y los sindicatos deciden los asuntos industriales. Ciertamente, como IFCTU señala, los requisitos del Código Laboral exigen que los convenios colectivos de trabajo sean decididos tanto por las reuniones entre los trabajadores y los patronos, con el Partido Comunista involucrado fuertemente en ambos lados de estas negociaciones. No hay derecho a la huelga sancionado legalmente.


Por lo tanto, aunque hay libertades formales y normales, muy al estilo de la URSS, en la práctica están minadas por la capacidad centralizada de destruir la disensión. No existiendo libertades políticas y sindicales, entonces, las condiciones laborales de los trabajadores cubanos son duras. Con sus estándares de vida cortados drásticamente por las recientes recesiones, aún si ellos “acordaran” esto en reuniones masivas para salvaguardar sus trabajos, a las compañías internacionales que invierten en Cuba se les obliga a emplear a sus trabajadores a través de agencias. Estas agencias se quedan con el 95 por ciento del valor en dólar de los salarios. Los funcionarios del Estado mantienen que esto se hace para mantener la igualdad cubana, y no para dirigir los dólares a manos del estado. Esto a pesar de estratificación obvia de la sociedad cubana que ha surgido.

Los románticos que apoyan a Cuba anteponen sus preocupaciones por los “derechos nacionales” a la solidaridad de clase al apoyar el régimen cubano. Ellos excusan sus acciones como una defensa necesaria contra la agresión de EE.UU., y desean que sobreviva contra el poder mayor, aún a expensa de las vidas y libertades de sus trabajadores. Y pueden señalar el récord impresionante en cuidados de salud y educación (mucho mejor que en el resto de América Latina, incluyendo un saludable promedio de vida de 76 años.

Cuba ciertamente demuestra lo que podría ser posible, aún con escasos recursos para cubrir las necesidades de los seres humanos, y cuán artificial es la privación en gran parte del resto del mundo. Pero la diferencia en el tratamiento surge principalmente de las necesidades de una nación autártica de mantener una fuerza de trabajo funcional versus el exceso de población de los países mono-exportadores en gran parte del resto de Suramérica.

Los socialistas no consideran que la mejor manera de asistir a los trabajadores de Cuba es apoyar al régimen que los mantiene en un estado de asedío bélico con EE.UU., sino que extender la revolución mundial socialista es la única manera de rescatarlos de las inaceptables alternativas que encaran. Para lograrlo necesitamos liberar al socialismo de la mancha de los métodos no democráticos que se aplican en Cuba y respaldar claramente las libertades de asociación y expresión para la clase trabajadora en todo el mundo, para así extender mejor las ideas y la conciencia requerida para construir una verdadera mancomunidad cooperativa mundial sin estados ni clases.

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